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El Niño no llegó para todos: en el sur de Buenos Aires sigue la sequía y alertan por muerte de animales

Coninagro compartió el testimonio de tres productores del partido de Patagones donde califican a la situación de “alarmante”. Sufren descapitalización de hacienda y erosión eólica, entre otros males.

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En general, en la mayoría de las zonas productivas de Argentina hay celebración por las lluvias que ocurrieron a partir de fines de octubre y que permitieron reconfigurar el panorama tras una campaña 2022/23 para el olvido por la presencia de La Niña y una de las peores sequías registradas en la historia.

Sin embargo, esta mejora no ha sido pareja para todo el país: en el extremo sur de Buenos Aires, en lo que se considera una suerte de Patagonia bonaerense, la falta de precipitaciones continúa y está generando consecuencias lamentables, como por ejemplo la mortandad de animales que se quedan sin agua para consumir.

Así lo advirtió la Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro), al subrayar en un comunicado que la situación productiva en los campos de la zona es crítica debido a la escasez de lluvias, vientos fuertes, crisis hídrica y erosión de suelos.

“Estas causas afectan con mortandad de animales y pérdidas muy significativas en lotes de cebolla, zapallo, maíz, entre otras producciones”, aseguró Elbio Laucirica, presidente de la entidad, tras dialogar con productores afectados.

PATAGONES, TESTIMONIO DE UNA SEQUÍA INTERMINABLE

Precisamente, Coninagro difundió el testimonio de tres de esos productores.

Uno de ellos, Hipólito Carmody, un joven de 37 años, licenciado en Administración Agropecuaria, que hace 12 años trabaja en un establecimiento familiar de tercera generación en el partido de Patagones.

“Estamos en el partido más grande y austral de Buenos Aires, con más de 1,3 millones de hectáreas. Aquí la diagonal árida está pegando fuerte, estamos atravesando una sequía que en esta zona se ha prolongado, este es un año atípico que está castigando severamente a la región”, explicó Carmody.

Y mencionó que las principales consecuencias son descapitalización de hacienda y erosión eólica en los suelos.

“Esperemos que se revierta, es alarmante la situación. Sigue sin llover aun estando en los primeros días de diciembre. En donde más ha llovido se registraron apenas 200 milímetros cuando históricamente en Patagones se han registrado entre 430 y 450 en promedio”, graficó.

En este marco, rememoró que entre 2008 y 2009 la sequía fue más “agresiva”, pero menos prolongada.

Bajo este panorama, subrayó que aquella experiencia sirvió para que muchos productores implantaran pasturas perennes, e hicieran promoción de pastizales naturales y otros manejos sustentables, que son sistemas que “hacen más llevadera la situación”.

No obstante, manifestó que hay un problema inevitable y que es que “se va perdiendo escala”, porque “hay colonias agrícolas que se han ido disolviendo y esos son los productores más afectados y que necesitan ayuda”.

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Según Carmody, “es muy complejo volverse a armar con 30, 50 ,100 o 200 vacas con genética”, porque en Patagones, al estar al sur del Río Colorado, es una zona libre de aftosa sin vacunación, como Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz o Tierra del Fuego. Es decir, no se pueden traer animales de zonas que son libres, pero con vacunación.

“Tenemos por pertenecer a esta ecorregión la expectativa de que se pueda renovar la Ley 12322 que para nosotros en estos casos son beneficios donde quedamos exentos de impuesto en inmobiliario rural y urbano, sellos e ingresos brutos, situaciones eventuales que hoy se valoran y solicitamos a los legisladores que se extienda. Asimismo, deseo resaltar el apoyo que hemos recibido de cooperativas, INTA, Crea, Cambio Rural, y otros grupos de productores”, finalizó Carmody.

“HAY VACAS MURIENDO”

Por otro lado, otro productor cooperativo, ganadero y hortícola, en este caso asentado en Pedro Luro, es Benito Rodríguez, que define a la situación como “crítica” en el sur de la provincia, en el distrito Villarino.

El sector está visiblemente afectado, hay vacas muriendo, prácticamente no se registraron lluvias, muchos productores están perdiendo lotes completos de cebolla, zapallo, maíz”, precisó.

Un dato elocuente es que la última lluvia había sido en abril y la semana pasada llegaron 28 milímetros, pero que ante este panorama solo fueron un leve alivio.

No llueve, hay mucho viento y se siente la crisis hídrica. Hay menos agua que años anteriores, inclusive en esta zona hay muchos productores que migraron para otros distritos y zonas, como Viedma, General Conesa o San Javier, porque allí están al lado del Río Negro y acceden a regar con más agua y de mejor calidad”, indicó.


Un inconveniente adicional que relató Rodríguez es que a este panorama climático preocupante, se suma el aumento de los insumos y que ni siquiera hay precios de referencia.

“Por ejemplo, antes de las elecciones una bolsa de urea de 50 kilos la conseguías desde 7 mil a 13 mil pesos y hoy piden entre 45 a 50 mil pesos. Eso dificulta el cultivo de la cebolla y otras economías regionales”, mencionó.

DESCAPITALIZACIÓN POR LA VENTA DE MADRES

Por último, Amado Chcair, productor agropecuario de la zona de Secano del partido de Villarino, no fue menos contundente en su análisis: “Lo que estamos pasando debido a esta gran sequía diría que es una situación caótica y las consecuencias son muy complicadas para el sector”.

Entre ellas, la primera es “la gran descapitalizacion por la venta de vacas madres; se hace destete precoz y se vende la madre a faena, y el destino del ternero destetado es incierto, la recría es la que primero se sacó porque era la más rápida para moverla”.

En este marco, “todo lo que sale de las ventas se gasta en comida para lo que queda” y así, “la parte financiera también se va complicando”, porque “los costos de suplementar cada semana son mayores”, explicó Chcair.

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Asimismo, coincidió con el problema de los aumentos de los insumos: “Cuando empezamos a dar de comer, hace 6 o 7 meses atrás, un rollo valía 19.000 pesos puesto en el campo, y ahora no se consigue por menos de 50.000. Ni hablar de lo que se va a pagar de impuesto a las ganancias, a pesar de que las ventas son forzosas”.

No obstante, desde su punto de vista las consecuencias más graves se van a ver en 2024, debido a los bajos porcentajes de preñez y la desaparición de la oferta forrajera, porque no habrá granos de la cosecha fina y tampoco se prevé una oferta suficiente de verdeos de verano.

“O sea, un horizonte muy oscuro. Esperemos que lleguen las benditas lluvias porque la lucha se hace muy cuesta arriba”, finalizó.

 

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