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La clave de la conservación está en las buenas prácticas

Producir de manera eficiente y sustentable, es posible. Recomendaciones técnicas y experiencias internacionales para preservar nuestra fábrica de alimentos.

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En el 50 aniversario de la conmemoración del día del suelo, comenzaron las jornadas nacionales de conservación de este recurso organizadas por el INTA junto con la Asociación Argentina de Ciencias del Suelo. La apertura contó con la presencia de Lorenzo Basso –secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca –, Luis Basterra –titular de la comisión de agricultura de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación–, Carlos Casamiquela –presidente del INTA¬– y Roberto Casas –director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA–, entre otras autoridades nacionales, profesionales y estudiantes.

Hasta el 4 de julio, el Salón Auditorio del Banco de la Nación Argentina, en la ciudad de Buenos Aires, será sede de una serie de debates y disertaciones a cargo de expertos del país y del exterior sobre estrategias y buenas prácticas de manejo para lograr una agricultura sustentable con el eje puesto en el suelo.

Una de las ideas centrales de las jornadas es la necesidad de debatir y proponer buenas prácticas que permitan incrementar la productividad agropecuaria para alimentar a la población creciente “desde la institución consideramos clave enfocarnos en el techo de superficie cultivable, pero sin perder de vista la sustentabilidad del ambiente, atendiendo a los crecientes problemas de degradación y contaminación de suelos, aguas y atmósfera”, aseguró el director del Instituto de Suelos del INTA, Miguel Taboada.

Desde el punto de vista productivo, el director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA, Roberto Casas, estimó que “los procesos erosivos generan al país una pérdida anual de producción superior a los 2.000 millones de dólares”, y especificó que “por cada centímetro de suelo perdido, el rendimiento de maíz disminuye alrededor de 250 kilogramos por hectárea; el trigo, 150 kg/ha y la soja 100 kg/ha”.

Para atenuar las pérdidas, la adopción de sistemas de labranza conservacionistas como la siembra directa (SD), que hoy se utiliza en alrededor de 95 millones de hectáreas de todo el mundo, permite mejorar la calidad de los suelos gracias a la protección de la superficie del suelo con rastrojos, y la ausencia de labores de remoción del suelo, que minimizan las pérdidas de suelo por erosión hídrica y eólica.

En la Argentina hay unas 60 millones de hectáreas que están afectadas por procesos de erosión hídrica y eólica. Para José Luis Panigatti, presidente de la Asociación Argentina de Ciencias del Suelo, es importante incluir estrategias de manejo y recuperación de esos suelos pero remarcó la necesidad de “acortar los tiempos entre los estudios de suelos, las aplicaciones al manejo y la aplicación a nivel de cuenca, de predio y de potrero”.

Para los especialistas la clave estaría en los dobles cultivos o cultivos de cobertura para mantener el suelo ocupado la mayor parte del año, con actividad de raíces, que favorecen la interrupción de capas densas y la formación de estructura granular superficial. De ese modo, las rotaciones aumentan la materia orgánica del suelo, mejoran su estructura y permiten una mayor captación y almacenamiento del agua.

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