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La tristeza de Nicolás, el joven que perdió a su caballo en un campo de Derqui

La aparición de más de once equinos muertos en la zona de Presidente Derqui conmueve a los vecinos. La historia de un padre de familia que le montó un santuario a su animal.

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03.05.2018 | Por Marina Friedlander
Marina
Friedlander

Periodista

La situación por la aparición de animales muertos en un campo de soja en el barrio Sans Souci, en Presidente Derqui, partido de Pilar, preocupa cada vez más a los vecinos.

Es que a los 11 caballos fallecidos entre diciembre y enero se sumaron ahora más casos que incluyen a ovejas y palomas. De hecho, hasta el momento aseguran que ya son más de 15 los equinos que perdieron la vida.

Por eso, y ante las repercusiones que generó la noticia, Infocampo se dirigió al lugar de los hechos y conversó con Nicolás, un padre de familia que perdió a su ejemplar más querido, Loguno, y junto a su vecino Alberto, quien también sufrió la muerte de dos de sus animales, realizaron denuncias ante la Fiscalía de la zona y reclaman justicia.

Un santuario y una Fundación Sin Fines de Lucro

Nicolás armó un santuario para homenajear a Loguno. “Era el caballo más querido por todos, era fuerte, hermoso, se lucía en los desfiles”, asegura melancólico al tiempo que resalta que era el animal que él había elegido para regalarle a su hijo. “A él esto le costó psicológicamente. Para nosotros, era uno más de la familia”, dice casi entre lágrimas. Mientras tanto, le muestra a Infocampo que aún conserva los vasos, la herradura y la cola del animal.

El recuerdo de Loguno, su caballo más querido

Además, Nicolas trabaja para una fundación sin fines de lucro. “Tenemos un centro llamado Sentimiento Gaucho, fundado por José. Allí tenemos caballos para desfile solamente. Quienes necesiten ayuda para sus caballos pueden contactarse, nosotros nos movemos a donde sea, tanto a Luján como a Manzanares, no discriminamos a nadie, y si no hay dinero para desfilar o el caballo está en mal estado hacemos una colecta solidaria para ayudar a todos. Las puertas están abiertas para quienes tengan caballos. José no cobra nada, él es muy humilde. Hay poca gente que se preocupa por animales”, detalla.

José y su familia en el campo donde fallecieron los caballos

 qué pasó

Nicolás y Alberto aseguran que son los únicos que se animaron a hablar con los medios, pese a que dicen conocer a quienes también perdieron a sus caballos en los últimos tres meses. “Nosotros no estamos haciendo nada malo, sólo queremos saber qué pasó“, explican.

Las miradas están puestas en Haras La Calandria, una estancia en donde se produce oleaginosa y algunas verduras como berenjenas y acelga. Nicolás cuenta que una tarde de verano Loguno se metió en el campo y al poco tiempo apareció muerto. 

El predio no está alambrado, no hay ningún cartel, pero podemos demostrar que los dueños dejan montañas de avena contaminada (sic) y los animales comen eso y mueren”, remarca. “Si uno se pone a caminar por el lugar encuentra fácilmente las semillas y los huesos de los cadáveres de los equinos”, sostiene.

“Tememos por los niños. Por un caballo nadie da la cara, ¿pero si le pasa a una persona? Ni siquiera ponen un cartel que diga Propiedad privada ni nada, no dicen que no se puede pasar, entonces todos entran“, dice Nicolás.

En tanto, cuenta que su otro caballo, un zaino, también ingresó al campo y estuvo al borde de la muerte. “Empezó a convulsionar, a temblar, a largar mucha espuma… Se estaba muriendo. Un amigo le cortó la parte del rabo para que desangre y le di leche. Vino el veterinario y estuvo desde las 17 hasta la 1 de la madrugada, le hizo ecografías, sondeo. Le puso suero, le abrió el estómago, le sacó todo el excremento hasta que llegó hasta el fondo y encontró una pelota de avena triturada, que era mínimo de 3 kilos”, detalla.

Uno de los niños con el caballo que se recuperó con las curaciones de un veterinario local

Por su parte, Alberto se suma a la charla y agrega que sus caballos murieron en época de Navidad. “Los tenía vendidos para el otro día, fue el 24 de diciembre”, recuerda.

“Los dueños de este campo vienen plantando soja y atraviesan tres barrios. Según entiendo, no se puede hacer eso ni fumigar a las 5 de la mañana cuando la gente duerme. La gente del barrio dice que se siente mal por esto”, sostiene, y aclara: “Esto no es un acto político, ni nada que se le parezca. Nadie quiere dar la cara, pese a que se han hecho denuncias. Nos da impotencia”.

Verónica, de la Patrulla Equina de San Martín, agrega que “el dueño de la cabaña se llama Kramer pero está en Alemania, y José Salas es el encargado: él descarta caballos y los lleva a un campo abierto y los tira”. “Tiene muchas denuncias”, desliza en diálogo con este medio.

Cómo sigue el caso

Apenas sucedieron los hechos, el abogado de Nicolás se llevó la muestra para que hagan una necropsia. Primero, se envió a la Facultad de Agronomía de la UBA, pero el patólogo les aclaró que el estudio cuesta $3.000. Ahora, según detalla, la están por mandar a un laboratorio para averiguar si se puede realizar en forma gratuita.

Hay dos imputados, que son los de la cabaña. Mi abogado me pidió que el veterinario presente un informe con las posibles causas del deceso del caballo, porque se necesita un perito de parte. No nos podemos quedar solamente con las pericias”, explica Nicolás.

Así era Loguno en los viejos tiempos

Y hace hincapié en que “la Fiscalía no puede pagar el estudio, además no está autorizado”. “Yo no tengo plata para pagar y saber qué fue lo que pasó con mi caballo. Pero sé que están queriendo hacer una colecta solidaria para ver si se puede abonar”, cuenta.

“Me da bronca que nadie se acercó a ayudarme. Mis amigos que tienen caballos me dieron una mano, y fueron los únicos. No sólo fallecieron caballos, palomas y ovejas también. Espero una solución”, lanza ante la falta de respuestas del Municipio.

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