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“No a la labranza”: el nuevo manual que elaboró Aapresid para frenar el retorno del arado

La Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa insistió en la necesidad de no abandonar la "labranza cero", por los beneficios que tiene para la conservación de suelos.

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En el año 2013, una publicación de la revista Nature afirmó que Argentina es líder global en la conservación de suelos, gracias a la adopción de la siembra directa o “no labranza”.

A una década de tal reconocimiento, la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) lo recordó este lunes, al encabezar un comunicado en el que insistió sobre la necesidad de mantener este sistema productivo y evitar el retorno del arado, tal como viene ocurriendo en las últimas campañas que la labranza sigue recuperando hectáreas.

“Con labranza, tenemos un suelo incapaz de subsistir: y sin él, la vida es inviable”

Por ahora, si bien la siembra directa se mantiene por encima del 90% en cobertura territorial, desde Aapresid advierten que, desde lo conceptual, retornar al sistema anterior es “un verdadero retroceso evolutivo”.

“Es contraintuitivo dar marcha atrás sobre una innovación tecnológica que no solo permitió preservar los suelos, sino también contribuir al desarrollo económico-productivo del sector y del país en los últimos 30 años, generando aumentos en los rendimientos, posibilidad de producir en zonas críticas, inversión y desarrollo de tecnologías asociadas”, señaló la entidad.

UN NUEVO “MANUAL” DE LA SIEMBRA DIRECTA

En este contexto, Aapresid dio a conocr el informe: “No a la Labranza: Principios del Sistema de Siembra Directa, beneficios, problemáticas recurrentes y estrategias para su abordaje”.

Esta suerte de manual surgió del trabajo de especialistas e incluye un repaso de los principios del sistema de siembra directa (SSD) y su aporte a la sustentabilidad, así como de las principales problemáticas por las que muchos productores están optando por volver al uso de discos, rastras de diamante o implementos para descompactar en profundidad, planteando estrategias de abordaje integral y sustentable para cada una de ellas.

“Sabemos que muchos de los que toman la decisión de labrar vienen de muchos años en SD. Como Institución abocada a la generación y difusión de conocimiento técnico agropecuario, queremos ofrecerles toda la información necesaria para evitar ese camino”, afirmó Aapresid.

Por ejemplo, la Asociación señala que el retorno de las viejas herramientas de labranza se relaciona en muchos casos con la necesidad de controlar malezas, que en rigor se han potenciado por el mal uso de herbicidas, y no por el uso de la SD.

“Lo único que hará el sistema de labranza elegido (ya sea convencional, reducida o SD) es seleccionar ciertas especies de malezas en detrimento de otras”, advierte el documento. En otras palabras, la labranza no eliminará al adversario, sino que cambiará su rostro.

El “semáforo” de la sustentabilidad: los datos que reveló una encuesta de Aapresid

ALQUILERES

También hace foco como otra de las problemáticas es en el actual sistema de arrendamientos agrícolas, porque “cuando el productor no tiene certeza de si podrá seguir cultivando el mismo lote la próxima campaña limita, por ejemplo, la planificación de una secuencia de cultivos o un esquema de fertilización de largo plazo, pilares básicos de un sistema de siembra directa”.

Incluso muchos contratos se cierran tarde, con la consiguiente entrega de lotes infestados de malezas muy crecidas, contra las cuales hay ya pocas posibilidades de control.

¿Propuestas? “Estrategias del Estado para alentar los sistemas de siembra directa y que los dueños de la tierra respeten, como programas de reducción fiscal para quienes lo implementen o planes de uso del suelo como los que ya utiliza Uruguay“, señaló la entidad.

Por último, el informe -que puede verse completo a continuación- aborda otros desafíos que tienen que ver con el propio sistema de siembra directa, y que exigen seguir investigando y generando información y tecnologías para su abordaje. Entre ellos se destacan: los mayores riesgos de heladas, la falta de uniformidad en la emergencia, los aumentos en los costos y la falta de insumos.

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