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Puede rendir hasta 14.000 kilos por hectárea: la hora de que el sorgo deje de ser solo un cultivo marginal

En una jornada de RAGT, se dejó en claro que el sorgo tiene potencial para dejar de ser un cultivo solo marginal y sembrarse en ambientes de alto potencial, donde logra rindes muy por encima de los 3.800 kilos que es el promedio actual.

infocampo

El sorgo atraviesa un momento de redefinición productiva. Lejos de ser un cultivo marginal o destinado a los ambientes más restrictivos, hoy demuestra que, con un manejo agronómico adecuado y el uso de genética y tecnología de punta, puede convertirse en una alternativa altamente competitiva dentro de los esquemas agrícolas.

Ese fue uno de los ejes centrales de la reciente Expo realizada por RAGT Semillas en su campo experimental de la localidad bonaerense de Salto, donde se presentaron ensayos y materiales que evidencian el salto productivo que puede lograr el cultivo cuando se ajustan variables clave del manejo.

Los números son elocuentes: mientras el rendimiento promedio nacional ronda los 3.800 kilos por hectárea, en muchas zonas de alto potencial ya se están registrando producciones de 12.000 a 14.000 kilos. La diferencia no responde solo al ambiente, sino principalmente a decisiones agronómicas.

LA OPORTUNIDAD DEL SORGO

Durante la recorrida técnica, Federico Pisoni, gerente Comercial y de Marketing de la compañía, fue contundente al plantear el desafío productivo que enfrenta el cultivo.

El sorgo está viviendo una oportunidad excelente a nivel precio desde hace tres años, pero aún cuesta que el productor cambie de mentalidad y deje de sembrarlo en las zonas más restrictivas de los campos. Hoy la genética amerita trabajar con mayor tecnología”, afirmó.

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Según explicó, el objetivo de la jornada fue demostrar que el rendimiento del sorgo depende en gran medida de la correcta gestión del sistema productivo.

Queremos que el productor se lleve los tres tips claves para producir con mayor rentabilidad: las fechas de siembra y de cosecha, y la densidad de siembra. Hoy estamos perdiendo más del 70% de los rindes por no considerar estas tres variables”, indicó el especialista.

“En muchas áreas del país de alto potencial se está logrando 12.000 o 14.000 kilos de sorgo granífero cuando el promedio en Argentina está en 3.800 kilos. Tenemos que al menos duplicar ese rendimiento si queremos seguir siendo un jugador importante en el mercado de sorgo”, disparó Pisoni.

MÁS QUE FECHA, CONDICIÓN PARA LA SIEMBRA

Uno de los conceptos que más se repitió durante la jornada fue la necesidad de abandonar recetas rígidas y priorizar el diagnóstico agronómico del lote. En ese sentido, los especialistas remarcaron que el momento de siembra no debe definirse por calendario, sino por condiciones ambientales.

Por su parte, el asesor Guillermo Repetto hizo foco en un indicador elemental pero determinante: la temperatura del suelo.

“La fecha de siembra varía según las condiciones de la campaña y del lote. Es mejor hablar de condición para la siembra que de fecha de siembra, y la clave es la temperatura del suelo. Para saber cuándo sembrar, tenemos que medir a cinco centímetros de profundidad 18 grados de temperatura durante tres días consecutivos. Esta condición determina el momento ideal de siembra”, sostuvo.

Expo RAGT Semillas Salto 2026.jpg

El técnico también remarcó la importancia de medir variables productivas para mejorar los resultados. “Lo que no se mide no se mejora. Es clave medir las variables que afectan al sorgo”, agregó.

A su turno, Daniel Gottschalk, responsable comercial en Buenos Aires y sur de Santa Fe, señaló que otro de los errores frecuentes es subestimar el potencial del cultivo desde el inicio del planteo agronómico.

“Tenemos en cuenta muchos factores, pero nos olvidamos de la fertilización y del suelo donde vamos a sembrarlo. Eso tiene que ver con muchos años de pensar al sorgo como un cultivo secundario. Hay que cortar con ese criterio porque se demostró que no solo es un cultivo muy noble, sino que es un negocio excelente si le damos las condiciones agrícolas para que prospere”, explicó Gottschalk.

GENÉTICA Y TECNOLOGÍA, BASE DEL SALTO PRODUCTIVO

La biotecnología y la incorporación de nuevos híbridos aparecen también como un pilar central de la evolución del cultivo. Durante la muestra, se exhibieron materiales que combinan herramientas para el manejo de malezas y la tolerancia a plagas, dos factores que históricamente condicionaron el rendimiento del sorgo.

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Agustín Cantó, gerente de Desarrollo de la empresa, destacó que el desafío actual es aprovechar plenamente el potencial de la genética disponible.

“En esta muestra estamos viendo sorgos de la línea S Full, que es la combinación de tecnologías para manejo de malezas y tolerancia al pulgón amarillo. Hay que comenzar a pensar el sorgo como se piensa el maíz, con las plantas adecuadas por metro cuadrado y con un esquema de fertilización”, remarcó.

El especialista también advirtió sobre un aspecto crítico del manejo que suele pasar desapercibido: el momento de cosecha. “Ojo con el atraso de la cosecha. Los granos están expuestos y no pueden esperar tanto como un maíz el atraso de la cosecha”, señaló.

RAGT Semillas en Salto 2026.jpg

En el portafolio presentado, se resaltaron híbridos con notable potencial de producción y estabilidad. También se incluyeron materiales para silo y forrajeros dirigidos a sistemas de ganadería, lo que muestra la versatilidad del cultivo en los sistemas de producción.

Finalmente, Rafael Losada, gerente general de la compañía, sintetizó el escenario económico que impulsa el renovado interés por el sorgo. “Hoy el precio del sorgo está en 200 dólares y si logramos tener rendimientos similares al maíz con costos de producción más bajos, el sorgo se transforma en una buena alternativa de negocio”, concluyó.

Cuando la eficiencia productiva define la rentabilidad, el mensaje técnico es claro: el sorgo ya no es un cultivo de segunda línea. Con manejo profesional, genética moderna y decisiones agronómicas precisas, el margen de crecimiento productivo es significativo y abre una nueva etapa para el cultivo en la agricultura argentina.

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