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"Triguización": una apuesta que resulta pertinente

Hace unos años, cuando Bioceres salía al ruedo con sus trigos Biointa, Gustavo Grobocopatel anunciaba la necesidad de que la Argentina ingresara en un proceso que denominó “triguización”, jugando con el neologismo “sojización”, instalado por el monocultivo. En ese momento, el CEO de Los Grobo planteó que haciendo más doble cultivo trigo/soja, y ampliando el... Read more »

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Hace unos años, cuando Bioceres salía al ruedo con sus trigos Biointa, Gustavo Grobocopatel anunciaba la necesidad de que la Argentina ingresara en un proceso que denominó “triguización”, jugando con el neologismo “sojización”, instalado por el monocultivo.

En ese momento, el CEO de Los Grobo planteó que haciendo más doble cultivo trigo/soja, y ampliando el área en zonas agrícolas nuevas de la mano de la irrupción de la soja (por una necesidad de rotación), la producción argentina podría llegar a 25 millones de toneladas.

En un contexto de precios bajos y con el crecimiento de la siembra de los Baguette, simultáneamente se reinstalaba un debate entre la idea de producir trigo de calidad o un trigo granel.

En el escenario actual, de precios altos y una necesidad oficial de controlar los precios de los productos generadores de inflación, posiblemente la idea de la triguización de la agricultura argentina deba ser reflotada nuevamente.

Finalmente pareciera que el mito del Baguette como el destructor de la “calidad” del trigo argentino va quedando de lado y un nuevo paradigma comienza a surgir.

“Para que haya una diferenciación de precio a favor de un trigo especial, realmente ese trigo tendría que ser la excepción y no la regla”, me refería recientemente un técnico vinculado a la actividad oficial.

En tanto, un fitomejorador reconocía que existía una convergencia en la genética del cereal entre los Baguette mejorando sus aspectos cualitativos y las líneas tradicionales argentinas priorizando en forma definitiva el rendimiento.

El dato es que uno de los criaderos más tradicionales de trigo en la Argentina ha cerrado acuerdos con un semillero francés para incorporar en su portfolio de cultivares una genética absolutamente focalizada en el rendimiento, la apuesta que años atrás tuvo a Nidera como pionera y que sacudió el mercado semillero.

Tal vez uno de los puntos a revisar a partir de esta realidad es el enfoque que hoy se le está dando al área de la Secretaría de Agricultura que se denomina Programa Nacional de Calidad de Trigo. Esta idea de calidad justamente podría ser revisada y vinculada a la “competitividad” del trigo argentino, que es un concepto diferente.

Respecto de este punto, no hay que dejar de considerar la iniciativa que están motorizando desde Aapresid y Aacrea, dos entidades técnicas de productores, para formar la Asociación Argentina del Trigo, en una visión de cadena similar a la que ya tienen el maíz (Maizar), el girasol (Asagir) y la soja (Acsoja).

Elevar hoy la producción sería sin duda el factor que ayudaría a descomprimir el mercado de trigo, jaqueado por la intervención oficial y que ha resultado, como lo venimos marcando desde Infocampo, en una transferencia de recursos desde la producción primaria a la exportación, fenómeno que se refleja en el crecimiento del número de participantes del mercado externo.

Javier Preciado Patiño

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