Con suelos arenosos, algo de ripio y con un clima continental seco, Catamarca reúne las condiciones óptimas para la elaboración de excelentes vinos finos y pasas. Hasta hace poco tiempo, en la ciudad de Tinogasta, sólo se obtenían productos de baja calidad. Mediante el aporte del INTA los vitivinicultores duplicaron su producción y rentabilidad.
Jorge Casas, jefe del INTA Tinogasta, explicó que “durante 25 años trabajamos y acompañamos al productor en un proceso de cambio profundo en el que se logró reponer las variedades y, mediante injertos, la consecuente reconversión de viñedos”.
“Fue un trabajo arduo pero exitoso –señaló Casas– que desde un comienzo contó con la aceptación de los productores. Fue así que logramos aumentar 186 veces las hectáreas destinadas a la nueva cepa, casi el 40% de los viñedos de la provincia”.
Los técnicos del INTA Rama Caída, Mendoza, desarrollaron una cepa que les permitió a los vitivinicultores de la zona mejorar los rendimientos cualitativos y cuantitativos de los vinos y pasas, al tiempo que aumentó la demanda y los precios de sus productos.
“Implementamos una uva rosada y sin semillas muy vigorosa y productiva con rendimientos superiores a los 30.000 kilogramos por hectárea de fruta fresca, que fue inscrita por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) como Tinogasteña, en honor a la región”, explicaron desde la experimental.

