El avance del ébola en número de infectados y víctimas fatales sigue creciendo día a día alrededor del mundo. Si bien todavía parece una amenaza lejana, en Argentina las autoridades sanitarias decidieron reforzar los controles, según publica Infobae.
No fue menor el impacto que generó el caso de Teresa Romero, la enfermera española que se convirtió en la primera paciente de la fiebre hemorrágica ocurrida fuera de África. La mujer había atendido a dos misioneros españoles diagnosticados en el continente africano y repatriados a su país, donde murieron. Por prevención, la administración española incluso ordenó sacrificar el perro de Romero, Excalibur, debido a su “estrecho y permanente contacto” con la mujer. La decisión desató la polémica y motivó campañas de rechazo por parte de activistas animalistas.
A su vez, la alarma encendida en Europa se trasladó rápidamente hacia otros continentes. En Estados Unidos, el gobierno de Barack Obama lanzó ayer una alerta por una “crisis mundial” luego de que se confirmara la muerte de un infectado de nacionalidad liberiana en el estado norteamericano de Texas.
En un intento por conservar la calma y no generar pánico, pero a la vez sin descuidar la gravedad de la epidemia, el Ministerio de Salud nacional dispuso profundizar las acciones de control en los aeropuertos internacionales y en los puertos de la Argentina para identificar a pacientes que pudieran llegar al país con síntomas del ébola.
La cartera incrementó la vigilancia sanitaria a partir de la obligación de la tripulación de reportar, previo al ingreso al país, la presencia de viajeros con síntomas compatibles. Se creó un protocolo para aislar y derivar rápidamente a los pacientes, hasta poder confirmar si efectivamente portan el virus. Así lo reconoció el ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Alejandro Collia, quien llevó tranquilidad a la población al sostener que “hasta el momento no hay reportes de casos en la Argentina”.

