La reciente confirmación de la ocurrencia del fenómeno climático El Niño para lo que resta de 2026 encendió las alertas, aunque también las expectativas, en el sector agropecuario argentino.
Si bien este evento suele asociarse con una mayor disponibilidad hídrica, los especialistas advierten que el verdadero desafío estará en anticiparse para transformar esa condición en una ventaja productiva y evitar los riesgos derivados de lluvias excesivas.
Desde el propio INTA señalaron que los pronósticos muestran altas probabilidades de precipitaciones superiores a los valores normales, especialmente sobre la gran Cuenca del Plata, una de las regiones más importantes para la producción agropecuaria del país.
EL NIÑO Y LAS DECISIONES AGRONÓMICAS
“Que hoy estemos hablando de las probabilidades de ocurrencia del Niño y su intensidad es una oportunidad que la tenemos que usar para tomar buenas decisiones”, destacó Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA.
Durante los años influenciados por El Niño, las lluvias suelen extenderse sobre amplias regiones y, cuando se presentan con intensidad, pueden generar excesos hídricos y anegamientos.
Mercuri recordó que las mayores vulnerabilidades se concentran en las cuencas de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, además de toda la red de arroyos y tributarios que desembocan en ellas.
“Las zonas de islas, zonas de ribera, zonas bajas, deprimidas y vulnerables cercanas a estos cursos de agua tienen más probabilidades de registrar anegamientos“, explicó.
EL NIÑO Y LOS SUELOS
Por este motivo, para el especialista, uno de los aspectos fundamentales antes de encarar la nueva campaña es evaluar el estado actual de los perfiles de suelo y de los reservorios naturales de agua.
Sucede que la capacidad de almacenamiento de los suelos, humedales y lagunas será determinante para amortiguar el impacto de los eventos de lluvia intensa que puedan registrarse durante los próximos meses.
“Esos reservorios naturales nos indican el tiempo de amortiguación que puede tener una lluvia intensa antes de convertirse en un problema y generar anegamientos en zonas vulnerables”, señaló Mercuri.
En el caso de la ganadería, el investigador recomendó prestar especial atención a los establecimientos ubicados en campos bajos o sectores históricamente afectados por excesos hídricos.
“Será importante guardar las reservas forrajeras en la loma, en los lotes más altos; eventualmente, reservar para pastoreos diferidos las pasturas de esos lotes más altos, por si tenemos un problema de anegamiento y tenemos que concentrar la hacienda en esos sectores”, aconsejó.
Además, remarcó que “el otoño es el momento más adecuado para ocuparse de la previsión de reservas para el sostenimiento de la carga animal”.
EL NIÑO Y ¿OTRO RÉCORD PRODUCTIVO?
Por otro lado, a diferencia de los años dominados por La Niña, los ciclos Niño suelen generar un contexto favorable para planteos agrícolas de mayor potencial productivo.
Según explicó Mercuri, el incremento de la disponibilidad hídrica permite pensar en estrategias más intensivas, como los dobles cultivos o esquemas de manejo orientados a maximizar el rendimiento.
En este sentido, destacó la posibilidad de avanzar con siembras tempranas, ajustar densidades de plantas y sostener planes de fertilización adecuados para aprovechar al máximo el agua disponible. “Gran parte de esos nutrientes podrá ser aprovechada por los cultivos”, indicó.
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No obstante, aclaró que las decisiones no deben ser uniformes dentro de los establecimientos. El manejo por ambientes vuelve a cobrar protagonismo en un contexto de mayores precipitaciones.
Las lomas y medias lomas suelen responder favorablemente a una oferta hídrica abundante, mientras que los sectores bajos presentan una mayor susceptibilidad frente a los excesos de agua.
En este contexto, otro de los puntos sobre los que hizo foco el especialista del INTA fue la necesidad de fortalecer las prácticas de conservación de suelos. La creciente frecuencia de lluvias intensas concentradas en períodos cortos aumenta el riesgo de erosión hídrica, especialmente en zonas con pendientes.
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Por ello, recomendó la implementación de herramientas como curvas de nivel, terrazas y otros sistemas de manejo conservacionista que permitan reducir las pérdidas de suelo y mejorar la infiltración.
A la vez, insistió en que la clave para atravesar un año Niño será el seguimiento permanente de la información climática. “Es clave continuar actualizando la información para observar cómo evolucionan estos fenómenos y cuál será la intensidad que alcanzarán“, afirmó.
Para ello, recordó que el INTA publica semanalmente informes climáticos con perspectivas de corto y mediano plazo, además de poner a disposición herramientas de monitoreo abiertas al público.
Entre ellas sobresale la plataforma SEPA, que permite consultar variables como humedad del suelo, índices de vegetación, temperatura del suelo y otros indicadores agrometeorológicos de utilidad para la toma de decisiones.
Con un escenario climático que promete más agua para buena parte de las regiones productivas argentinas, el mensaje de los especialistas busca concientizar sobre la diferencia entre una oportunidad y un problema; dependerá, en gran medida, de la capacidad de anticipación y planificación que logren los productores.

