En Catriló, La Pampa, a 80 kilómetros de la capital provincial pero apenas a tres del límite con Buenos Aires, una empresa agronómica administradora de campos, dos firmas industriales y un grupo de investigadores universitarios aunaron fuerzas y conocimientos.
Se trató del evento denominado “Un viaje de ida”, organizado por las firmas pampeanas Pelayo Agronomía y Gente de La Pampa. La primera, conocedora de primera mano de los campos de la región. La segunda, compradora de los insumos certificados que genera la primera, pero responsable de la generación de puestos de trabajo fabriles para la producción de biodiésel, aceite de girasol y hasta dos marcas de mayonesa.
La sinergia comercial, con la venia de la multinacional PepsiCo, en determinado momento requirió de una profundización en certificaciones ambientales.
Allí entró en juego el grupo multidisciplinario AGSUS, de la casa de estudios, con la doctora y especialista en suelos Elke Noellemeyer como principal referente. Nacida en Alemania y formada en Canadá, los suelos argentinos son su verdadera causa personal.
Dueña de un extenso currículum especializado en la temática, y por solo mencionar algunos de sus hitos académicos, el prestigio de sus investigaciones la llevó a recibir el premio de la Cámara de Senadores de la Nación por el Trabajo Científico en el año 2020. También participó de la redacción de la Ley Provincial de Suelos (Ley 2139, 2004), y del Reglamento Provincial de Cultivo de Maní, y de sus decretos reglamentarios.
HERRAMIENTAS PARA FRENAR LA DEGRADACIÓN
Las firmas acudieron a la profesional y su equipo de analistas ante una situación muy clara: la gran mayoría de los campos analizados presentaban claros signos de degradación en las propiedades de los perfiles, lo cual inquietaba a varios actores dentro de la cadena.
Por eso, el evento sirvió como presentación para el lanzamiento y divulgación de la doble certificación impulsada por Pelayo y Gente de La Pampa, pero a su vez, también, para debatir acerca de las prácticas agrícolas y la necesaria revisión de los plazos de alquileres en los campos.
“Armamos este evento para mostrar que pudimos unir la cadena productiva de girasol en una visión de sustentabilidad. En ese aspecto nosotros, AGSUS, con la certificación de suelo participamos del primer eslabón”, explicó Noellemeyer durante la charla con Infocampo, al pie de un lote de girasol pronto a ser cosechado.
AGSUS, hoy, certifica más de 15.000 hectáreas administradas por Pelayo. “Ellos le venden a Gente de La Pampa ese girasol y esta empresa, a su vez, lo vende a PepsiCo como insumo para su producción, que también certifica sustentabilidad. Eso es algo muy novedoso e inédito en el mundo, una unión entre las empresas para que la trazabilidad de la sustentabilidad en la cadena sea desde el suelo hasta la góndola”, remarcó.
Este medio aprovechó la ocasión para conocer en profundidad los principales conceptos de la especialista acerca de los suelos de la región, pero también sobre cómo están los productores locales y argentinos en general en relación a los mercados de carbono. Y también para debatir acerca de uno de los últimos focos sobre el cual puso la lupa Infocampo: la posible falta de agrónomos a nivel país.
Informe especial: la escasez de agrónomos, otra “brecha” que necesita abordar el agro para crecer
Sobre esto último, la referente analizó ciertos problemas en la distribución de los mismos, y alertó sobre algunas regiones del país donde, entiende, se requiere la presencia de los mismos de manera “urgente”, según sus palabras.
-¿Qué observan acerca de los productores de la zona en relación a los suelos? ¿Hay inquietud?
-En general noto que hay interés y preocupación de los productores. No puedo decir que todos los productores ‘hacen cualquier cosa’. Al contrario, nosotros nos encontramos con muchos productores que quieren hacer las cosas bien y que justamente por eso les gusta tener un certificado como para afianzar lo que ellos quieren tener. Pero muchas veces también el tema es que hay detalles que hay que mirar desde afuera y por ahí con un bagaje de conocimiento un poco mayor. Lo que hacemos en los informes de la certificación es le indicamos cuáles son las prioridades que tienen que resolver, porque eso muchas veces el productor y tampoco el asesor lo tiene claro, porque está muy en el día a día. Es lógico. Muchas veces cuando le recordás cómo es la jerarquía de los factores limitantes se acuerdan, pero en el día a día no lo tienen presente.
-¿Cuesta mucho esa tarea de docencia? Por decirlo de algún modo, puede ser visto como no solo penetrar en la cultura de trabajo, sino también en la billetera de cada productor.
-Sí, sí. Cuesta, porque justamente relacionado a lo de la ‘billetera’, hay un paradigma completamente falso que está muy difundido: que cuidar el suelo es un costo que la producción no te lo paga. Y eso no es así. Un suelo más saludable produce más, los rindes son más altos y la estabilidad de la producción frente a lo que tenemos acá, como sequía o lluvias tremendas que nos inundan grandes zonas, un suelo saludable maneja esto y amortigua esos riesgos. Entonces, en realidad se paga solo. Pero mucha gente no se convence de eso porque también es hacer un paso hacia cierto algo incierto, una incertidumbre, y eso a todas las personas le cuesta. Algunos están dispuestos a tomar más riesgos y son más emprendedores, y otros son más conservadores y no se quieren mover. Pero eso es algo humano.
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-¿Cuánto le falta a la Argentina, al productor argentino, para meterse en todo lo que es estar familiarizado con los bonos de carbono? ¿Cuánto está ya realizado en el mundo y en la Argentina no en ese sentido?
-No, yo creo que estamos más avanzados que otras partes del mundo. Si vos vas a Europa, a ningún productor en realidad le podés cambiar el esquema. Todos están temerosos. Estuve en una conferencia de la Iniciativa de 4 por 1000 en septiembre y nos llevaron a algunos campos en Alemania, cerca de Berlín, y lo que vi ahí es que prácticamente no hubo cambios. Y yo me preguntaba qué cambios en el manejo estaban haciendo. Porque diversificar, aportar nitrógeno con leguminosas, eso no lo vi. Y no miden nada: no hay datos.
-¿El europeo no mide? Se tiende a pensar que si lo exigen hacia afuera del Viejo Continente, es porque allá lo hacen.
-(Risas) La Comunidad Europea lo exige. Esos son los legisladores que inventan un protocolo con una muestra cada 5 hectáreas.
-¿Pero no se lo exigen a sus propios productores, entonces?
-No.
-¿El exigirle al productor queda a criterio de cada país o la Comunidad Europea puede tener potestad de hacerlo, más allá de que no lo haga?
-Eso sucede en el caso de querer entrar en alguna bonificación especial sobre el precio de algún producto. Pero al productor europeo que está encorsetado en los subsidios y todas esas bonificaciones, que a su vez es un sistema hipercomplejo, no se anima a hacer un cambio porque no sabe dónde se le va a desbarajar su administración. Yo lo que noté es una suerte de ‘está todo muy bien pero no me hagas tocar nada que me cerró la ecuación y no quiero cambiar nada’. Tengo un amigo que conozco hace muchos años de todos los congresos de Soil and Tillage, y que es profesor ahora jubilado en España, toda la vida junto con nosotros él empezó a hacer ensayos de siembra directa, de cultivos de cobertura, todo más o menos íbamos en paralelo. ¿Sabes cuántos productores tiene haciendo esas prácticas?
-¿Cuántos?
-Dos. Hay algunos productores que sí vienen y copian lo que hacemos acá, hay productores alemanes que compraron grandes extensiones de campo en Polonia o Ucrania y ellos sí trabajan como nosotros. E importan nuestros agrónomos para eso, porque allá no hay agrónomos que sepan de campo. Esa jornada de campo en Berlín se hizo en el marco de un programa de agricultura regenerativa que está desde hace 3 años, y ni el dueño, ni el técnico universitario de la Universidad de Berlín que lo acompañaba sabían cuál era la textura del suelo, cuántas materia orgánica tenía, y ni hablar de otros parámetros.
LOS SUELOS DE LA REGIÓN PAMPEANA
-¿Hay un problema de compactación aquí, también?
-Hay compactación. Pero se escuchó hablar de compactación con la seca de la provincia de Buenos Aires y de Santa Fe. Todos los suelos secos son duros, pero no necesariamente compactados. Cuando el suelo está seco, siempre, es duro. Eso hizo la llamada de atención a los productores de la Zona Núcleo y se habló de compactación, pero en muchos casos nuestros suelos, sobre todo de esa zona más productiva, tienen pisos de arado legados del arado de reja y vertedera de hace 50 años.
-Conjugado con lo que se vio en este evento organizado por Pelayo, Gente de La Pampa, AGSUS y Pepsico, ¿vale pensar también que a veces los tiempos comerciales que pasan arriba del suelo no se condicen con el tiempo de los procesos que existen suelo hacia abajo?
-Sí. Pero también hay muchas modas. Ahora por ejemplo, enseñamos mucho la medición de resistencia del suelo con el penetrómetro, y que el suelo debe estar más o menos húmedo para sembrar, no seco. Y ahí se disuelve mucho el tema de compactación. Sí, hay algunos suelos compactados, pero no es un problema tan masivo. La primera pregunta que me hacen muchos asesores es ‘¿Hay que pasar el paratill?’. Yo les digo ‘¡Pará!’…
-¿Y qué se debe hacer cuándo un suelo está compactado, si es que lo está?
-Si es muy grave y sobre todo en texturas que son muy difíciles de formar agregados y poros como suelos franco limosos, o limosos, ahí sí capaz convenga pasar un paratill, una labranza profunda. Pero sí o sí hay que seguirla con cultivo de cobertura, con raíces, porque sino el efecto es efímero, dura 3 meses.

Elke Noellemeyer
-¿Y la salinidad sí preocupa?
-Eso es gravísimo.
-¿Y cuál es la causa?
-El bajo uso consultivo de los cultivos, porque hay barbechos largos pero tenemos una cuenca endorreica donde el agua está, y no hay nada que consuma el agua. Es la mayor causa. Porque históricamente eran campos ganaderos con pastizales de 1,20 metros todo el año, entonces el consumo de agua de esa vegetación es impresionante. Surgió por ejemplo ‘el nuevo río en San Luis’ (NdR: se trata del denominado Río Nuevo, que se formó en apenas un día en 1985), generado por la conversión de pastizales naturales y campos ganaderos a la agricultura, sí. Aquí en este campo hay un bajo fiero, y en una de las calicatas se vio que hay sales. No es necesariamente sodio, pero hay sales en superficie. Pelayo recuperó ese bajo con cultivos de cobertura y pasturas.
“Era la carrera del futuro y hoy, en muchos casos, el agrónomo termina reducido a firmar recetas”
¿FALTAN INGENIEROS AGRÓNOMOS?
-A partir de la opinión de un investigador de la Universidad Nacional de La Pampa, Martín Díaz Zorita, quien remarcó que había una falta de ingenieros agrónomos cerca de la toma de decisiones de los productores, en Infocampo buscamos la palabra de los decanos de las facultades de Agronomía de las universidades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Las opiniones son dispares. ¿Qué observan desde AGSUS aquí en La Pampa? ¿Es válido el debate?
-Sí, es válido. Es válido. Estoy convencida de que en la Argentina la producción avanza y, en muchos casos, los suelos están todavía en condiciones más o menos regulares y buenas por la presencia de profesionales, porque hay muchos agrónomos, pero es cierto que faltan. En muchas zonas faltan. Por eso es bueno que haya empresas como Pelayo, que están pidiendo hacer más agronomía, y tienen muchos agrónomos y están tomando más profesionales. En otras empresas grandes, tal vez, hay dos o tres profesionales que los tienen para todo. Y a estos chicos no les da el tiempo para pensar qué hacer. Ese es un tema también.
-¿Y en qué zona están faltando más agrónomos?
-Una cosa importante es todo lo relacionado a la nueva zona que se incorpora a la agricultura como Chaco, Formosa, Salta. Ahí urgente hay que incorporar gente que tiene buen conocimiento y que acompañe. En Formosa, muestreamos hace poco en campos gigantes donde el ciclo que se hace es: algodón, cártamo, algodón, cártamo. Nada de rastrojó, nada de raíces, y en suelos bastante limosos en parte. Eso es una bomba, eso va a explotar en poco tiempo.
-Entonces, más que una falta de agrónomos, ¿el punto sea cómo están distribuidos?
-Sí. Yo creo que en esa zona donde se está desmontando, el este de Salta hasta el este de Tucumán, Santiago del Estero, y desde ahí para el norte, faltan. Faltan profesionales. Y las distancias son tan grandes que los necesitás, y es difícil conseguir que se queden en esos pueblitos. Es difícil, pero esto va a ser un problema.

