El cierre de la campaña 2009/10 es alentador para el sudeste bonaerense, de la mano de la soja. Esto mejora el escenario para el arranque 2010/11.
“Este año comienza distinto; hay una recomposición de los perfiles hídricos, y hay una gran zona con agua que antes no estaba, lo que brinda una reserva fundamental para la continuidad del cultivo”, sostuvo Jorge González Montaner, asesor técnico de los grupos CREA de la región Mar y Sierra.
Según el técnico, la posibilidad de arrancar la campaña con agua disponible nos muestra determinadas pautas para el manejo.”Un ambiente con humedad, disminuye el impacto de heladas en etapas tempranas, a la vez, que se asocia a una menor dotación de nitrógeno inicial”. Y aclaró, contrario a lo sucedido el año pasado, que con sequía, la dotación inicial era mayor. La composición de los perfiles hídricos a nivel regional es interesante. En el sudoeste están los 70 mm disponible que justifican sembrar, y Mar y Sierras está estabilizada.
Lo cual indica que esta campaña es proactiva para sembrar el trigo.De esta manera, los modelos de producción ordenan las estrategias en función de la potencialidad de los ambientes. “Los de mayor potencial obligan a una apuesta fuerte por el cultivo y una mejorada para el resto de los ambientes respecto de la campaña anterior, que fue conservadora”, sostuvo. Según González Montaner, los niveles de N del comienzo son menores respecto de la campaña pasada, además de la fuerte extracción de la soja. Aunque prima la idea de ser más conservadores con la nutrición, no habrá altas disponibilidades.
“Para lograr los 115 a 120 kg N del comienzo del año pasado, hay que recomponer, agregando fertilizante”, afirmó.Como para recuperar buenos niveles nutricionales iniciales, hay que invertir en nutrientes, González Montaner contó que le están prestando mucha atención al manejo de ambientes. Las recomendaciones oscilan en un rango 120 a 150 kg N de acuerdo a los potenciales de los ambientes.
“En función del relieve, bajamos los niveles de fósforo en las lomas con tosca, y la diferencia se le suministramos a los bajos profundos. Respecto del nitrógeno, comenzar con niveles de 115 a 120 unidades de N y luego, en función de como continua el año, teniendo en cuenta una realimentación hídrica, antes del macollaje aplicamos la diferencia”, destacó.
Otro de los aspectos que subrayó, para incorporar como un insumo más, son los seguros.Con los últimos coletazos que puede dar El Niño durante el otoño/invierno (ver nota asociada página 5), la proliferación de las enfermedades fúngicas foliares es otro de los problemas latentes. Las enfermedades que tradicionalmente atacan al trigo sobreviven cuando está el cultivo en desarrollo, cuando el cereal no está, las royas y las manchas (como las más aparecidas) no proliferan. El año pasado sólo se circunscribieron a las zonas donde había trigo.
“La dinámica de las epidemias es muy marcada, de esta manera, cuando aparece con más superficie, tanto a nivel nacional como en Brasil, Uruguay, Paraguay, el contagio de enfermedades es mayor”, aclaró.
Así, lo que sucede a nivel regional obliga a estar alerta en lo que pueda ocurrir en materia de enfermedades para tomar decisiones a tiempo.Según las conclusiones del técnico, la baja en la superficie para esta campaña en la región será mínima. Además, agregó, que un incentivo para incrementar la superficie será la llegada de medidas económicas para los productores medianos y chicos. “Hay toda una cadena que se mueve detrás del trigo y que funciona gracias a que hay un desarrollo en experimentación, la pérdida de escenario del cultivo afecta y genera cambios en las regiones”, concluyó.
Doble cultivo. Los rendimientos obtenidos el año pasado en el epicentro de Azul-Tandil fue excepcional. Con buena condición hídrica y condiciones climáticas en el llenado de grano en lotes puntuales el rendimiento pasó los 70 qq/ha. Estos lotes, que continuaron con soja de segunda, la cual augura superar los 30 qq, cierran una ecuación más que interesante, que la le hace sombra a la soja de primera en campos alquilados.
Estos rendimientos inusitados para la soja, con pisos de 30 qq (de segunda siembra) y techos de 40 (de primera fecha), no aseguran levantar los perjuicios económicos que todavía arrastra la región de campañas anteriores, pero el doble cultivo agrega una nueva fuente de análisis para tener en cuenta en la planificación de lotes arrendados.
Nota publicada en la Edición de Hoy del Semanario Infocampo

