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La fruticultura reclama su espacio

Las retenciones convierten a este sector en el mayor aportante del Estado, aún más que los cereales y oleaginosos Los gravámenes sobre las economías regionales están afectando la natural reactivación post convertibilidad. La presión tributaria sobre peras y manzanas -de enorme generación de mano de obra- llega al 184 por ciento

17.09.2004
Infocampo
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Las economías regionales están siendo fuertemente afectadas con motivo de la aplicación de los derechos de exportación, los que al estar gravados con tasas diferenciadas generan impactos desiguales en las producciones agrícolas de nuestro país.

Aun hoy los productores de frutas de pepita y carozo se continúan preguntando por qué sus sectores sufren una discriminación respecto del sector citrícola, al pagar un 10% de retenciones a la exportación, mientras que aquel sólo tributa un 5%. Esta situación se agrava si se la compara con los cultivos tradicionales: maíz, girasol, soja y trigo, que tienen incidencias mucho menores en los aportes que realizan.

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Con la apurada salida de la convertibilidad, las exportaciones argentinas se reposicionaron, con una oferta de productos de gran calidad, encabezados por la pera, el limón y la manzana, los que le permitieron volver a generar una importante cantidad de divisas al país, con el consecuente aumento en la mano de obra ocupada. Con el correr del tiempo y ante los incrementos en los insumos básicos, los combustibles, las tarifas y los sueldos, a los que se sumaron los derechos de exportación, el sector volvió a perder rentabilidad y a escuchar quejas cada vez más fuertes sobre la enorme incidencia que juegan las retenciones en el producto final.

Alguna vez, la Fundación Mediterránea señaló que “el establecimiento de los derechos de exportación ha sido una intervención en el comercio exterior basada en argumentos redistributivos, quitar parte de la renta extraordinaria a los ‘ganadores’ de la devaluación y aplicarla a los ‘perdedores’ de la misma”.

Según un estudio de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI), los derechos de exportación efectivos de peras y manzanas representan un 25,8% del valor de la producción, los que al ser cotejados con la tasa nominal alcanzan a una presión tributaria de casi un 184% mayor. Las comparaciones se efectuaron según la CAFI, determinando el ingreso neto por hectárea para cada uno de los cultivos. Con el ingreso que recibe el productor debe hacer frente a todos sus costos y de esa forma obtener su utilidad. Por otro lado, el cálculo del ingreso bruto de exportación por hectárea FOB permite determinar cuáles son los valores de los derechos de exportación en cada caso.

Es interesante destacar lo expuesto por la mencionada cámara en el sentido de que una hectárea de fruticultura le aporta al Estado nacional unos u$s 787, mientras que los cultivos de la pampa húmeda no superan los u$s 120. Esta realidad se hace más palpable si tenemos en cuenta que estamos comparando un cultivo perenne cuya recuperación de inversión se produce a partir del octavo año con un cultivo anual que puede ser suplantado en caso de dejar de ser rentable.

Las peras y manzanas generan un fuerte valor agregado a la producción que a la hora de las definiciones debe ser valorado. Para muestra basta decir que el ingreso neto por hectárea para la producción es de u$s3.055, con un ingreso FOB de u$s8.666, lo que representa un valor agregado de 184%, muy superior al 45 % que en el mejor de los casos alcanzan los cultivos de la pampa húmeda.

Cuando hablamos de valor agregado no podemos obviar la enorme incidencia que para el sector tiene la generación de mano de obra. En fruticultura equivale al 45% del valor de la producción primaria y al 33,1% del valor FOB de exportación, hecho que demuestra su enorme impacto sobre la creación de trabajo genuino.

Tal como lo expresa el sector de frutas de pepita, también la citricultura a través de la Federación Nacional de Citrus (Federcitrus), ha hecho saber su opinión sobre la inconveniencia de estos tributos que sólo generan mayor pérdida de rentabilidad, distorsionan el mercado internacional y provocan inequidades con otros sectores.

La realidad es que tanto el aporte que hacen las peras y manzanas como los cítricos al sostenimiento de los planes sociales del gobierno, ni siquiera les permite contar, a la hora de la cosecha o del empaque, con el personal necesario, porque muchos de ellos, aún sin trabajo, temen perder ese subsidio al desempleo. No debemos olvidar que por primera vez en la Argentina, otrora granero del mundo, estamos ante un hecho inédito: la presencia de una generación que es hija de desocupados y por lo tanto incapaz de descubrir por sí la cultura del trabajo.

Por Horacio Esteban

Especial para Infocampo

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