El Instituto Nacional de Carnes de Uruguay (INAC) lanzará una franquicia de restaurantes para replicar en el mundo las experiencias desarrolladas por las parrillas gourmet en España, China y Portugal.
“Cuando salíamos con el proyecto restaurantes teníamos claro que había que dialogar con el consumidor final y la forma de hacerlo era a través de los restaurantes temáticos, pero también trabajar a nivel de minoristas, góndolas de supermercados y otros nichos de mercado”, aseguró Fernando Gil, jefe de inteligencia de mercado del INAC, en declaraciones publicadas hoy por el diario uruguayo El País.
La franquicia permitirá que el inversor que decida abrir un restaurante en cualquier parte del mundo pueda transmitir los valores de la carne uruguaya, pero adaptados a las costumbres del país donde se desarrolle el emprendimiento.
“Ahora, hacia fin de año, el gran desafío es comenzar a salir con una franquicia, con sus manuales, para comenzar a dialogar con los interesados de la forma más profesional posible”, explicó Gil.
“La idea es manejarse con el código adecuado que le garantice a ese inversor que hay un cliente que quiere pagar un plus por vivir la experiencia de degustar la carne uruguaya”, añadió.
Por su parte, la meta de Uruguay es valorizar cada vez su carne. En la actualidad los cortes frescos bovinos uruguayos en el mercado internacional se vende a precios FOB superiores a los de Australia o Brasil.
“La meta es transmitirle al consumidor que la carne uruguaya tiene determinados diferenciales por los que el cliente final está dispuesto a pagar más dinero. El desafío grande es ver cómo desde el punto de vista del posicionamiento y del marketing llevamos adelante estas acciones como las realizadas con los restaurantes temáticos en China, España y Portugal”, admitió Gil.
La diferenciación pasará por mostrarle a los consumidores que la carne uruguaya está producida en base a un sistema de producción seguro con trazabilidad desde el campo hasta la industria.
La gran imagen que impulsa INAC en el mundo es que Uruguay es “la última gran estancia”, demostrando que “los sistemas de producción de carne en el país son a cielo abierto y naturales, que detrás de la carne producida hay una familia, una trama social y que no se usan hormonas, a diferencia de otras partes en el mundo, donde, además, los que producen las proteínas animales son grandes corporaciones”.
“Desafiamos al mundo diciendo que esas condiciones de producción se aplican solo en Uruguay, no pasa en otros lados; si les agrada esa diferencia, estén dispuestos a pagar un poco más por la carne”, explicó Gil.

