Por Alejo Valverde, Director Comercial de Calice Agtech
Durante décadas, las empresas que lideraron la inversión en investigación y desarrollo (I+D) agrícola construyeron resultados sólidos sobre un conjunto de herramientas que marcaron el pulso de la innovación: ensayos de campo, marcadores moleculares y modelos estadísticos. No hay en eso un error, sino más bien un éxito sostenido.
Pero ese mismo andamiaje empieza hoy a mostrar sus límites frente a un cambio de escala en las preguntas que los equipos más avanzados necesitan responder.
Ya no alcanza con saber si un material rinde más o menos en promedio. La pregunta ahora es por qué funciona en una región y no en otra. Incluso, cuando los indicadores climáticos parecen similares.
O qué condiciones específicas explican la respuesta de un bioinsumo en determinados ambientes. O, más desafiante aún, cómo anticipar el comportamiento de un producto en zonas donde todavía no se realizaron ensayos.
A eso se le llama ensayo virtual, y es el problema que los equipos más avanzados están empezando a definir como prioritario. Las herramientas tradicionales pueden acercarse a esas respuestas. Pero lo hacen con un costo creciente y un retorno cada vez más acotado.
DEL DATO AL SISTEMA
A esa tensión se suma un factor ineludible, como es la variabilidad climática. Los promedios históricos, base de gran parte del modelado convencional, pierden capacidad predictiva en un contexto donde las campañas se parecen cada vez menos entre sí. Y ningún modelo diseñado para condiciones más estables mejora simplemente por incorporar más datos si no cambia su forma de interpretar la realidad.
En ese punto, la discusión deja de ser cuantitativa y pasa a ser conceptual. El problema ya no es cuánto dato se tiene, sino qué tan bien se entiende el sistema que se intenta modelar.
El ambiente agrícola no puede reducirse a una lista de variables independientes. Es un sistema dinámico donde clima, suelo y manejo interactúan de manera constante, generando configuraciones únicas que determinan el desarrollo de un cultivo o el desempeño de un producto.
Sin embargo, los enfoques estadísticos tradicionales tienden a fragmentar esas dimensiones o sintetizarlas en índices que, si bien simplifican el análisis, pierden de vista lo esencial, que es la lógica de esas interacciones.
EL AMBIENTE COMO UN TODO
Frente a este escenario, la biología de sistemas propone un cambio de enfoque. En lugar de modelar variables aisladas, busca reconstruir el ambiente como un todo, capturando las relaciones entre sus componentes y las configuraciones que emergen de ellas.
A esto se suma la cronobiología, que introduce una dimensión clave, como es el tiempo. No todos los eventos tienen el mismo impacto en cualquier momento. Un estrés hídrico durante la floración no equivale al mismo déficit en otra etapa del cultivo.
Incorporar esa temporalidad, alineando la dinámica ambiental con la fenología, transforma la capacidad explicativa y predictiva de los modelos.
De esa manera se configura un nuevo paradigma: ambientes modelados como sistemas complejos, con una dimensión temporal integrada, interactuando con el genotipo o el producto bajo análisis.

Alejo Valverde, director Comercial de Calice Agtech
Este enfoque, potenciado por arquitecturas de modelado donde la estructura biológica del sistema se define antes de aplicar cualquier algoritmo, permite no solo entender por qué un material se comporta de determinada manera en un contexto específico, sino también proyectar su desempeño en escenarios aún no ensayados.
En este esquema, los ensayos de campo no desaparecen ni pierden valor. Se vuelven más inteligentes: el modelo indica dónde y cuándo ensayar para obtener el máximo retorno de información, convirtiendo cada ensayo en una instancia de calibración que refuerza la capacidad predictiva del sistema.
El desafío, entonces, no es reemplazar lo que funciona, sino ampliar sus capacidades. Incorporar una capa de entendimiento que permita a los equipos de I+D y comerciales seguir avanzando cuando las herramientas tradicionales empiezan a quedarse cortas.
En ese cruce entre datos, biología y modelos se define la próxima curva de innovación en agricultura. Y hay compañías que no solo están apostando a construirla. Ya la están construyendo.

