Con la cosecha gruesa avanzando a paso firme, muchas miradas de los productores ya están puestas en la próxima siembra fina, y entre los factores a considerar hay uno siempre clave: el clima.
Más aún teniendo en cuenta que, en los últimos meses, han proliferado las voces expertas en el tema que indican la posibilidad de que se registra un fenómeno El Niño de características extraordinarias, lo que implicaría a priori un altísimo caudal de lluvias en las zonas productivas, que serían beneficiosas para los rindes, pero abrirían el riesgo de pérdidas por anegamientos e inundaciones.
Precisamente, para abordar esta cuestión antes de tomar las decisiones agronómicas, A Todo Trigo convocó al meteorólogo y consultor, Leonardo De Benedictis, quien analizó el pronóstico de los próximos meses.
LA REALIDAD DE EL NIÑO “SÚPER”
El punto de partida del analista fue la distinción entre un fenómeno Niño y uno Niña, dado por la temperatura de la superficie marítima.
“Cuando se calienta el agua de la zona central del Pacífico hablamos de Niño, mientras que cuando se enfría hablamos de Niña. Si estamos entre promedios, hablamos de un evento neutral”, repasó el especialista.
En este marco, si bien aclaró que la relación entre estos eventos y los rendimientos en los cultivos de invierno no se da de forma tan marcada como en los cultivos de verano, De Benedictis indicó que es algo a tener en cuenta. Este año, en particular, muchos pronósticos estimaron la llegada de un “súper Niño”.
De la neutralidad a El Niño: el otoño ya anticipa un ciclo 2026/27 que viene con lluvias abundantes
“Algo de realidad tiene. Se están pronosticando temperaturas en el mar muy por encima de los promedios, en torno a los 3 grados. Piensen que es uno de los océanos más grandes del mundo. La energía que hay que entregarle a ese volumen de agua para que suba esos grados es mucha. Cuando pasa a la atmósfera eso empieza a generar grandes eventos de lluvia en algunos sectores, mientras que en otros hay sequía”, explicó.
Respecto a lo que podría esperarse para los próximos meses, el meteorólogo mostró un “ensamble de pronósticos”, basado en el promedio de 20 modelos distintos, que dio cuenta de la distribución de lluvias entre el invierno y la primavera.
Según dijo, para junio se espera un cambio en el patrón de distribución de lluvias, que comenzarán a registrarse tanto en la zona cordillerana como en el noreste del país.
“Si empieza a llover de forma temprana ahí, eso puede moverse hacia el sur. Es importante para entender lo que podría pasar en la primavera”, indicó.
Y mientras esa tendencia continuará en julio, en agosto ya podría “decir presente el Niño”, dando paso a un septiembre con “más escala de lluvias y circulación de humedad”.
“Después de tantos años de sequía, puede ser óptimo; pero tuvimos un otoño cargado en muchas zonas. Todo esto puede potenciar excesos de precipitación. Hay que estar alertas, hay que estar atentos, hay que hacer seguimiento, nada de esto es determinante. Pero sí podemos decir que este es un escenario muy probable”, concluyó.
“Las probabilidades de El Niño son altas, eso es lo que tiene que tener en cuenta el productor”

