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La Pampa bajo fuego: un avance temible de incendios que devora campos, hacienda y futuro

"Sin producción no habrá con qué recuperarse", lamentó una productora cuyo campo fue arrasado por el fuego. Apuntó hacia las autoridades: "Nos conocemos todos, tenés que levantar el teléfono". Hay más de 83.000 hectáreas quemadas.

Lucas Mich
Por Lucas

Redactor en Infocampo.

La historia lamentablemente se repite, pero cada vez con mayor crudeza. En el oeste y el sur de la provincia de La Pampa, los incendios rurales y forestales avanzan y ya dejaron una marca profunda en el entramado productivo.

Según estimaciones preliminares, más de 83.000 hectáreas fueron consumidas por las llamas y hay pérdidas de terneros en las últimas semanas, afectando de lleno a distritos como Jacinto Arauz, Santa Isabel, Rucanelo, Quehué, Utracán, Hucal y Guatraché, entre otros.

Al viernes 2 de enero por la tarde, al momento de cierre de este reporte, todos los focos encuentran “contenidos” según lo explicado por las autoridades de Defensa Civil de la provincia.

Pero para los productores agropecuarios afectados, la situación recién está comenzando y las consecuencias se observarán a lo largo del tiempo.

Incendio la pampa 2

El fuego no solo arrasó pastizales y monte: también golpeó a la actividad ganadera, con pérdidas de infraestructura, mortandad de hacienda y un impacto económico que todavía resulta imposible de dimensionar en su totalidad.

En un contexto de temperaturas extremas, con registros que superaron los 46 grados, y tormentas eléctricas con escasa o nula precipitación, el escenario se volvió explosivo.

En muchas zonas, la chispa inicial fue un rayo. En otras, una colilla, una botella o una chispa desprendida de un camión en rutas sin mantenimiento. El resultado, en todos los casos, es el mismo: campos negros, alambrados caídos y productores que miran lo perdido sin saber por dónde empezar.

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“EN DOS SEGUNDOS TE CONSUME TODO”

En el departamento Hucal, una de las zonas más castigadas, la productora Gisela Rochon todavía intenta procesar lo ocurrido. Hace diez años dejó su trabajo administrativo para dedicarse de lleno al campo familiar. Ese esfuerzo, asegura, quedó comprometido en cuestión de minutos.

“A mí me afectó la mitad del campo. Todo a base de esfuerzo, de pulmón, levanté todo un campo que estaba prácticamente destruido.. y ver que en dos segundos el fuego te consume todo es terrible”, relató la productora en diálogo con Infocampo.

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Aunque logró salvar la hacienda, los daños en infraestructura fueron totales. Alambrados, postes, corrales y mangas quedaron reducidos a cenizas. Y reconstruir, hoy, parece una tarea titánica.

“Hoy sabemos que hacer un metro de alambre es un montón de plata. Vas al campo y empezás a mirar y decir: primero todo negro y a ver por dónde arranco, qué empiezo a levantar”, explicó dice con mucha nostalgia.

La situación se agrava porque la mayoría de los productores de la zona son pequeños, con superficies que rondan entre 500 y 700 hectáreas. Muchos de ellos perdieron su producción anual.

“Lo que más duele es cuando se pierden terneros, que es la producción que vos venís piloteándola todo el año. Eso es lo que después te permite vender y comprar un rollo de alambre. Pero si la producción no está, no tenés con qué recuperarte”, señaló Rochon.

LA CONTENCIÓN, DESDE EL VECINO

Más allá de las pérdidas materiales, el testimonio de Rochon expone una herida que va más allá del fuego: la sensación de abandono. En medio de la emergencia, asegura, la ayuda más concreta llegó desde otros productores, amigos y vecinos.

“Es una mezcla de dolor y bronca porque la ayuda viene de las personas que sabés que te van a venir a ayudar, que es un vecino o un amigo, y no de las que se tendrían que poner las pilas”, expresó.

La crítica apunta directamente a la falta de reacción inmediata de las autoridades locales y provinciales. “Nos conocemos todos. Me parece que tenés que levantar el teléfono y aunque sea decir: ‘Che, ¿qué necesitás?’”, reclamó convencida.

la pampa incendio

El temor, además, es que lo peor todavía no haya pasado. “El verano recién arranca. Las tormentas eléctricas van a seguir y esto se va a seguir prendiendo. Si no se toma dimensión del problema, no va a quedar nada”, advirtió.

TORMENTAS SECAS Y UN CLIMA QUE NO DA TREGUA

Más al norte, en la zona de Victorica y Pastoril, el productor ganadero Marcelo Mendiara describe un fenómeno que se repite con cada vez mayor frecuencia: tormentas desparejas, con mucha carga eléctrica y muy poca lluvia.

“Aquí ha cambiado mucho el tema de las tormentas. Antes llovía parejo; ahora capaz que al vecino le caen 50 milímetros y a mí no me cae ni una gota”, explicó.

Esa falta de humedad ambiental es clave para entender por qué el fuego se propaga con tanta velocidad.

“Vienen tormentas con mucha carga eléctrica, caen rayos, llueve muy poquito y con el calor que hace se seca todo enseguida”, detalló. En su caso, dos rayos que cayeron con mil metros de diferencia iniciaron focos simultáneos que terminaron quemando unas 100 hectáreas.

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Cuando el fuego toma el monte de caldén, la escena se vuelve casi irreal. “Pareciera que viniera un tren, como una locomotora. Es un infierno”, describió. Las llamas alcanzan hasta 20 metros de altura y el combate se vuelve prácticamente imposible, sobre todo cuando ni siquiera de noche baja la temperatura.

VIENTOS IMPREDECIBLES Y MANEJO GANADERO AL LÍMITE

A este combo se suman vientos intensos, fuera de temporada, que cambian de dirección en minutos. “Antes los vientos fuertes eran en agosto o septiembre. Hoy tenés ráfagas de 70 u 80 kilómetros por hora en pleno verano”, indicó Mendiara.

Para la ganadería, esto representa un desafío adicional. Las vacas recién paridas intentan huir con sus terneros, muchas veces hacia zonas de monte, justo cuando el fuego avanza sin control. “El ternero no tiene defensa, dispara para cualquier lado y ahí se pierde”, explicó.


En este contexto, la prevención se vuelve la única herramienta real. Picadas perimetrales e internas bien mantenidas pueden marcar la diferencia entre perder una parte del campo o perderlo todo.

“Si no tenés picadas de ocho metros, se hace una puntera de fuego de una legua y eso no hay forma de controlarlo”, advirtió Mendiara.

ALERTA POR LA PÉRDIDA DE TERNEROS

Desde el plano institucional, el vicepresidente segundo de CARBAP por La Pampa, Marcelo Julio Rodríguez, confirmó a nuestro medio que los relevamientos preliminares hablan de unas 83.000 hectáreas afectadas, principalmente en el sur provincial.

La mayor preocupación, sin embargo, no está solo en la superficie quemada, sino en la pérdida de animales jóvenes. “Hay faltantes de terneros porque a la vaca la agarra parida en el monte. El ternerito tiene menos defensa y, con la variabilidad de los vientos, los fuegos se originan rápidamente”, explicó.

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Rodríguez remarcó que la primavera lluviosa dejó una gran cantidad de pasto que hoy funciona como material altamente combustible. “Ese pasto es la reserva para el invierno, pero con temperaturas de 43 a 46 grados y viento, hoy es nafta”, sintetizó.

BANQUINAS SIN MANTENIMIENTO 

Otro de los puntos críticos señalados por el dirigente es el estado de las rutas. Banquinas sin arar ni desmalezar, sumadas al tránsito constante, generan un riesgo permanente. “Cualquier colilla o chispa de un camión viejo inicia el fuego. Hoy es todo combustión”, alertó Rodríguez, quien también mencionó el efecto lupa de botellas de vidrio abandonadas.

A esto se suman las limitaciones legales. La Ley de Bosques establece anchos máximos para las picadas que, en condiciones extremas de viento, resultan insuficientes. “Con 15 metros no frenás un incendio así”, sostuvo.

Desde la entidad ruralista ya comenzaron un relevamiento para acompañar a los productores afectados y gestionar reuniones con el Ministerio de la Producción, con el objetivo de avanzar en soluciones concretas y en la declaración de la emergencia agropecuaria.

incendio la pampa

CUANDO EL FUEGO QUEMA “ALGO MÁS” QUE PASTO

Para los productores pampeanos, el campo no es solo tierra y alambre. Es una construcción paciente, levantada año tras año, ternero tras ternero. El incendio no solo quema el “edificio”, sino también los “libros” únicos que permiten seguir produciendo.

Hoy, con el verano recién comenzando, el temor es que esta tragedia no sea un hecho aislado, sino el anticipo de una nueva normalidad. Una en la que el fuego deje de ser una excepción y pase a ser parte del calendario productivo. Y en la que, si no hay prevención, infraestructura y respuestas rápidas, las pérdidas seguirán acumulándose, hectárea tras hectárea, ternero tras ternero.

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