Con el 95 % de su producción destinada a la exportación, la Argentina se consolida como el principal exportador mundial de maní, con presencia en más de 100 países.
De acuerdo con proyecciones de la Cámara Argentina del Maní, para la campaña 2025/26 se esperan 972.500 toneladas de maní en grano y envíos al exterior por unas 750.000 toneladas.
Detrás de estos números hay un atributo diferencial que distingue al producto argentino en el mundo: su sabor.
En particular, el maní cordobés es reconocido como el más dulce del planeta, una característica directamente asociada a su mayor contenido de azúcares y muy valorada en el mercado internacional de maní confitería.
MANÍ: EL AMBIENTE EXPLICA EL DULZOR
“El maní argentino tiene una identidad propia que lo diferencia de otros orígenes”, explicó María José Martínez, responsable del Laboratorio de Calidad de Granos del Área de Mejoramiento Genético Vegetal del INTA Manfredi.
Según detalló, las condiciones ambientales de la principal zona manisera del país, una de las más frías entre las regiones productoras del mundo, favorecen la acumulación de azúcares en el grano.
Ensayos comparativos realizados con la variedad Florida Runner mostraron que, cultivada en Córdoba, presenta más del doble de contenido de sacarosa que la misma variedad producida en zonas más cálidas, como Georgia, en Estados Unidos.
Durante el llenado de grano, las temperaturas más bajas estimulan la hidrólisis del almidón hacia sacarosa, un proceso fisiológico clave para explicar este sabor característico.
Estudios posteriores, dirigidos por el investigador Ricardo Haro, lograron diferenciar hasta siete grados de temperatura en el suelo durante el desarrollo del cultivo, confirmando que los ambientes más fríos generan granos con mayor dulzor.
Este diferencial incluso fue detectado por importadores europeos a fines de los años 90, lo que impulsó nuevas líneas de investigación.
MANÍ: UN SUPERALIMENTO CON VALOR AGREGADO
Además del sabor, el maní argentino se destaca por su perfil nutricional. El grano contiene cerca de un 50 % de grasas saludables, principalmente ácidos grasos omega-9 y omega-6, además de fitoesteroles que contribuyen a reducir el colesterol LDL y aumentar el HDL. También aporta tocoferoles con función antioxidante, entre ellos la vitamina E.
A esto se suma un 28 % de proteínas de alto valor biológico, un 18 % de carbohidratos —con la sacarosa como principal responsable del dulzor— y una amplia variedad de minerales esenciales. Incluso el tegumento del grano aporta compuestos bioactivos con efecto antioxidante, reforzando su posicionamiento como superalimento.
El maní argentino busca seguir reinando en Europa y posicionarse como un “superalimento”
Las investigaciones más recientes avanzan sobre el rol del manejo nutricional. Durante cinco campañas consecutivas, equipos del INTA evaluaron la aplicación de micronutrientes como boro y zinc, que influyen no solo en el rendimiento, sino también en el metabolismo de los carbohidratos.
“En zonas con deficiencia de boro, como el sur de Córdoba, la fertilización puede potenciar aún más el dulzor del grano. Incluso en áreas sin deficiencias, como Manfredi, observamos respuestas positivas”, señaló Martínez.
El objetivo es reforzar el perfil del maní confitería argentino, destinado mayoritariamente al consumo humano directo, donde el sabor es un atributo decisivo.
La línea de trabajo sobre calidad y agregado de valor lleva décadas y sigue dando resultados concretos. En conjunto con programas de mejoramiento genético, el INTA evalúa nuevos cultivares en ensayos multiambientales, buscando estabilidad, mejor perfil nutricional y mayor adaptación.
Uno de los hitos más relevantes fue el acompañamiento técnico a la adopción de cultivares alto oleico, más estables y saludables. Este avance permitió incluso modificar estándares internacionales: gracias a un informe técnico presentado ante el Codex Alimentarius, en 2017 se actualizó el límite de ácido oleico, lo que habilitó el ingreso del maní argentino a la Unión Europea.
“Fue un beneficio concreto para el país, con apertura de mercados y mayor ingreso de divisas”, concluyó Martínez. Un ejemplo claro de cómo la ciencia aplicada y el conocimiento del ambiente pueden transformar una cualidad natural —el dulzor— en una ventaja competitiva global.
Otra coronación de gloria: el maní argentino es campeón mundial en exportaciones

