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El rol clave de la biodiversidad: en la Patagonia, las frambuesas salvan a los insectos tras los incendios

Un estudio realizado en fincas de frambuesa de la región reveló que, después del fuego, los insectos benéficos encuentran refugio en campos vecinos a los focos de incendios. Así, mantener una alta diversidad floral resulta clave para preservar la polinización y sostener las cosechas.

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Los incendios en la Patagonia arrasan bosques enteros y destruyen el hábitat de cientos de especies. Entre los más afectados se encuentran los insectos polinizadores, fundamentales para la producción de frutas finas.

¿A dónde se trasladan después del fuego? Un estudio de la FAUBA, la UNRN y el CONICET determinó que las chacras de frambuesas funcionan como refugio.

Las más cercanas a los incendios albergaron un 60% más de abejas nativas y escarabajos polinizadores que las ubicadas a mayor distancia.

Según los especialistas, estos establecimientos presentan una alta diversidad floral que contribuye a amortiguar los impactos negativos del fuego.

LA BIODIVERSIDAD, CLAVE EN LOS INCENDIOS

“En la Patagonia, los incendios forestales son cada vez más frecuentes e intensos. Pueden destruir bosques por completo, eliminando el hábitat de muchas especies y reduciendo servicios ecosistémicos como la polinización”, señaló a Sobre La Tierra, María Noel Szudruk, egresada de la Escuela para Graduados de la FAUBA.

En el Bosque Andino Patagónico existen valles altamente productivos. Un ejemplo es la Comarca Andina del Paralelo 42, donde se producen frutas finas con calidad de exportación. El cultivo predominante en esa zona es la frambuesa. Para alcanzar rendimientos elevados, las chacras dependen del riego y, especialmente, de los polinizadores”, explicó.

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Si el fuego ahuyenta a los polinizadores, los rendimientos de fruta se ven afectados”, advirtió Szudruk, quien además es productora de frutas finas. Esta amenaza no es hipotética. En marzo de 2021, cerca de Lago Puelo (Chubut), un incendio afectó alrededor de 11.000 hectáreas de bosque nativo.

Durante la primavera de ese año, la investigadora registró la cantidad y la diversidad de polinizadores en doce chacras de frambuesa ubicadas a distintas distancias de los focos de incendio: seis a menos de 700 metros y seis a 3.000 metros.

“Encontramos que los insectos tendieron a concentrarse cerca de las zonas afectadas: en las chacras ubicadas hasta 700 metros del incendio registramos un 60% más de abejas nativas y escarabajos —en su mayoría depredadores y controladores de plagas— que en las chacras más alejadas. Mientras que en las zonas distantes los insectos se distribuyen entre el bosque y los cultivos, en las áreas cercanas al fuego se concentraron en las chacras tras perder su hábitat natural”, destacó Szudruk.

En relación con el impacto en la producción, subrayó: “A pesar de esta mayor abundancia de insectos, los rendimientos se mantuvieron similares en ambos grupos de chacras, lo que representó un alivio para los productores. Esto se explica porque el incremento de abejas nativas no perjudica al cultivo, a diferencia de la abeja de la miel —Apis mellifera—, que en altas densidades puede dañar las flores y reducir los rindes”.

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LA DIVERSIDAD FLORAL COMO REFUGIO

Szudruk profundizó en las causas de esta diversidad. “Además de la frambuesa, los productores de estas chacras suelen cultivar otras especies de berries, como mora o corinto. En muchos casos, estos sistemas se combinan con otros frutales o incluso con cultivos hortícolas. La convivencia de múltiples cultivos genera una mayor cantidad y variedad de flores disponibles”.

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La investigadora también describió lo ocurrido en las chacras después del incendio. “Las plantas de frambuesa florecieron con normalidad gracias al riego. Esta práctica, habitual en la comarca, permitió mantener la humedad del suelo y amortiguar los impactos del fuego. Además, el agua favoreció el desarrollo de la vegetación espontánea”.

“Esta vegetación alimentó tanto a los polinizadores como a los insectos controladores de plagas, por ejemplo, a los parasitoides y a los depredadores caminadores. De todos modos, esta vegetación compite con los cultivos y requiere un manejo adecuado”, afirmó Szudruk a Sobre La Tierra.

En ese sentido, recomendó: “Es conveniente que los productores implementen un control intermedio, como dejar sin desmalezar los bordes o ciertos espacios entre las hileras del cultivo. Más allá del manejo agrícola, también es indispensable gestionar los bosques aledaños”.

UN PAISAJE INTEGRAL: BOSQUES Y CULTIVOS

Por estos motivos, María Noel Szudruk resaltó la importancia del bosque nativo para sostener las comunidades de visitantes florales y de enemigos naturales, especialmente en las cercanías de las fincas frambueseras.

“El Bosque Andino Patagónico posee una gran diversidad de insectos polinizadores, en particular abejas nativas, que nidifican y completan allí su ciclo de vida”, explicó la investigadora.

Además de los polinizadores, estos ambientes albergan otros insectos benéficos, como los controladores de plagas, y contribuyen a mantener el equilibrio entre especies que podrían afectar la producción. “Los bosques proveen numerosos servicios ecosistémicos para los productores y es fundamental conservarlos”, aseguró.

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A modo de conclusión, puntualizó: “Para que eso suceda, el conocimiento generado por este estudio debe servir para diseñar políticas públicas y estrategias de gestión territorial. Necesitamos una planificación integral que articule la restauración y conservación de estos bosques con la prevención del fuego y el manejo productivo de las chacras”.

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