La compañía de origen noruego Yara desembarcó en el Congreso Aapresid en Rosario con el fin de acelerar el debate sobre la huella de carbono y presentar YaraBela NITROMAG Z, un desarrollo nutricional que combina nitrógeno, calcio, magnesio y zinc en un solo gránulo, diseñado de manera específica para atender las deficiencias de microelementos en las tierras de la región.
El lanzamiento global —realizado por primera vez desde la Argentina— sintetiza los dos frentes que hoy tensionan al sector insumos: la respuesta técnica para elevar el rendimiento en campo y la exigencia global de mitigar el impacto ambiental.
En diálogo con Infocampo, Emilio Iglesias Sola, referente del equipo de Desarrollo de Yara Climate Choice, habló sobre la descarbonización del agro y cómo dejó de ser una discusión abstracta para transformarse en un requerimiento comercial concreto impulsado por las grandes procesadoras y marcas globales de alimentos.
En ese punto, señaló que hoy esa necesidad es tan fuerte que está marcando un verdadero nicho de mercado en el cual las grandes empresas de alimentación son las que tienen objetivos de descarbonización y están tirando aguas arriba de este tipo de productos.
“Efectivamente, la cadena de valor alimentaria es gran generadora de gases de efecto invernadero y todas sus partes necesitan descarbonizarse”, identificó.
EL ROL DEL AGRO EN LA HUELLA DE CARBONO
Según el especialista, esta tracción de la demanda obliga a replantear el rol del insumo no solo desde su eficiencia agronómica tradicional, sino desde la forma en que fue elaborado en origen: “Intentamos producir nuestros fertilizantes con baja huella de carbono”, dijo sobre estos desarrollos que se diferencian de otros productores convencionales chinos o rusos, por ejemplo.
“Los convencionales que presentamos en Argentina tienen, de por sí, un 50% menos de emisiones que los de cualquier otro productor convencional”, especificó, al tiempo que marcó la visión a futuro de la compañía por tratar de llevar a cero las emisiones.
Pese a las exigencias que comienzan a imponer los mercados compradores, la adopción masiva de estos fertilizantes tropieza aún con la brecha de costos de producción frente a las fuentes nitrogenadas tradicionales.
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“Para cualquier productor pequeño que quiera entrar en la compra de productos de baja huella de carbono, entiendo que a día de hoy es difícil porque este producto tiene un ‘premium’ que alguien tiene que absorber”, reconoció Iglesias Sola.
“Se necesita una estructura sólida para poder absorberlo y contar con un cliente final que pague esa diferencia por la tecnología de producción”, añadió.
ARGENTINA, EN EL MAPA GLOBAL DE YARA
Aun en este contexto de transición, la Argentina figura en el mapa estratégico global de la compañía. Pensando en la reacción del productor y la industria local a este nuevo paradigma, el especialista señaló que de los dos primeros clientes globales para fertilizantes de baja huella de carbono, uno fue argentino.
“Hay grandes empresas de alimentación dentro de Argentina que están demandando estos productos”, confirmó.
De cara a las próximas campañas, el análisis de insumos en el establecimiento no se limitará al diferencial de rendimiento ni a la respuesta biológica frente al estrés, sino en la necesidad de separar los productos de acción biológica —orientados a potenciar el rinde— de las formulaciones de química tradicional producidas bajo procesos de baja emisión.
“Me quedaría contento si mando el mensaje al mercado argentino de que el tema del carbono va a ser importante de aquí a pocos años, tenganlo en cuenta cuando compren un fertilizante”, cerró.

