En el corazón del campo argentino, donde cada gota cuenta y cada hectárea es un compromiso con la producción responsable, surge una solución que combina ciencia, sustentabilidad y sentido común: las camas biológicas.
Pero, ¿de qué hablamos cuando mencionamos este término? Se trata de sistemas diseñados para retener y degradar microbiológicamente el agua de lavado de máquinas agrícolas con restos de los excedentes de productos fitosanitarios, evitando que lleguen al suelo, a las napas y a los cursos de agua.
Son una herramienta clave para reducir la contaminación puntual, que representa más del 50 % de los casos de contaminación de aguas superficiales y subsuperficiales por fitosanitarios, según datos de la European Crop Protection Association (ECPA).
Al ser un ejemplo más, y accesible, de cómo promover las buenas prácticas agrícolas, BASF continúa trabajando junto a sus clientes, entre ellos productores y vendedores de soluciones, a través del programa Puntos Multiplica y los créditos correspondientes a su Plan Comercial por camas biológicas que puedan instalar en sus campos.
Camas biológicas: “Son 100% recomendables porque los residuos van a un lugar seguro”
Además, recientemente participó de la instalación de una cama biológica en la Facultad de Agronomía de Balcarce / INTA bajo el lema: “Hacia un cambio de paradigma en la sanidad vegetal” con el objetivo de mostrar la tecnología y, a la vez, abrir una vía de trabajo conjunto entre entidades público – privadas en investigación.
En ese sentido, Martin Carrara, consultor de Tratamiento Profesional de Semillas en BASF, aseguró que la adopción de camas biológicas “contribuye a una gestión más eficiente y responsable de los residuos generados en los procesos productivos”
“Trabajar en conjunto con entidades públicas nos permitirá seguir investigando y perfeccionando la propuesta, con el objetivo de acercar soluciones concretas al productor”, expresó el especialista.
LAS CAMAS BIOLÓGICOS Y SU IMPACTO EN EL AGRO
La implementación de camas biológicas no solo responde a una necesidad ambiental, sino que también fortalece la imagen del productor moderno, comprometido con las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA).
Nuestros servicios y soluciones contribuyen a la conservación de los recursos, asegurando el progreso global y mejorando la calidad de vida.
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— BASF Agro Argentina (@BASF_Agro_ARG) January 26, 2024
Estudios a campo, ensayos académicos y literatura técnica demuestran que estas camas pueden degradar hasta el 99 % de los residuos en un plazo de 30 a 60 días, dependiendo del tipo de biomezcla y las condiciones ambientales.
Además, investigaciones realizadas en Argentina y Europa confirman que herbicidas, insecticidas y fungicidas se degradan en porcentajes superiores al 80 % en menos de 45 días, y en algunos casos, como el glifosato, la eliminación alcanza casi el 100 % en solo 4 días gracias a la acción de enzimas como la manganeso peroxidasa.
¿POR QUÉ INCORPORAR LAS CAMAS BIOLÓGICAS EN EL CAMPO?
Los beneficios de esta técnica son:
- Protege el ambiente: Evitan que los residuos químicos lleguen a zonas sensibles.
- Simplicidad y eficiencia: Son fáciles de instalar y mantener, con bajo costo operativo.
- Alta capacidad de tratamiento: Una cama biológica puede procesar entre 800 y 1.200 litros de líquidos residuales por año por cada m³ de biomezcla, según la Norma IRAM 29.561/2020.
- Responsabilidad social y productiva: Reflejan el compromiso del agro con la sustentabilidad y la innovación.
Actualmente, se estima que más de 75 camas biológicas están operativas en Argentina, principalmente en provincias como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, donde la agricultura intensiva exige soluciones seguras y eficientes.
UN DATO CLAVE SOBRE LAS CAMAS BIOLÓGICAS
La vida útil de una cama biológica puede alcanzar entre 3 y 5 años, e incluso hasta 8 años con buen manejo.
Luego, la biomezcla agotada debe retirarse y colocar sobre una superficie (puede ser un silo bolsa) y, a los seis meses, utilizarse como enmienda orgánica, garantizando un ciclo sustentable.

