Como cada 24 de mayo, Argentina esá conmemorando este domingo el Día Nacional de la Olivicultura.
Para celebrarlo, la firma SolFrut, líder en la agroindustria del aceite de oliva, emitió un informe que pone en valor el rol estratégico de San Juan como principal polo productor de este alimento y destaca un dato muy importante: una molienda récord de 40 millones de kilos para la campaña 2026.
“San Juan no es solo una provincia productora: es el epicentro de una industria que coloca al aceite de oliva argentino en los mercados más exigentes del mundo. Sus valles preandinos, con más de 300 días de sol al año y menos de 100 milímetros de lluvia anuales, crean condiciones agroclimáticas únicas que permiten obtener aceites de excelencia, con identidad geográfica propia y calidad diferenciada”, remarca el reporte de la compañía.
Además, menciona que la provincia cuenta con aproximadamente 16.500 hectáreas de olivos cultivados —cerca del 95% con riego presurizado—, más de 34 plantas elaboradoras de aceite de oliva y 12 establecimientos dedicados a aceitunas en conserva, conformando una cadena agroindustrial que genera empleo, inversión y desarrollo para miles de familias sanjuaninas.
En este contexto, SolFrut, con sede productiva en San Juan, es hoy la mayor productora de aceite de oliva virgen extra del país. Opera una de las plantas elaboradoras más grandes de América Latina, inaugurada en 2023 y ampliada en 2024, con una capacidad de procesamiento de 700.000 kilogramos por día.
Su planta fraccionadora, inaugurada en 2025, envasa hasta 10.000 unidades por hora en formatos PET, vidrio y lata, dando forma a cerca de 400.000 cajas de aceite virgen extra al año.
LA OLIVICULTURA, ANTE LA OPORTUNIDAD LOCAL Y MUNDIAL
Por otro lado, el informe de SolFrut puntualiza que, para dimensionar el potencial de la olivicultura argentina, alcanza con comparar el consumo per cápita local con el de los países de tradición mediterránea.
Según datos del Consejo Oleícola Internacional (COI), Grecia lidera con 12,1 kg por persona al año; España consume 11,1 kg e Italia 8,1 kg. En Argentina, según el relevamiento 2023 de la Federación Olivícola Argentina (FOA), el consumo interno per cápita ronda los 200 gramos anuales, unas 7.500 a 8.500 toneladas totales.
Así, la brecha con el mundo mediterráneo es de hasta 60 veces, pero en esa distancia reside precisamente la oportunidad.
El propio COI subraya en su informe de 2025 que el potencial de crecimiento es enorme en los mercados donde el aceite de oliva aún no integra el patrón alimentario habitual. Japón y Brasil consumen apenas 0,4 kg per cápita; Estados Unidos y Canadá alcanzan entre 1,1 y 1,2 kg.
En ese mapa, Argentina presenta una ventaja dual: es productora a escala industrial y, al mismo tiempo, un mercado interno con amplísimo margen de penetración.
ARGENTINA COMO PROVEEDOR ESTRATÉGICO
Bajo este panorama, el contexto latinoamericano refuerza aún más el rol estratégico de Argentina. Brasil es el mayor importador de aceite de oliva de la región y representa en promedio el 9% de las importaciones globales del producto, según el COI.
Sin embargo, su consumo per cápita es de apenas 0,4 kg al año: hay una demanda enorme que el país no puede abastecer con producción propia. Argentina es uno de sus principales proveedores, junto con Chile y los países mediterráneos.
Chile, por su parte, es el otro gran productor olivícola del continente y ofrece una referencia de lo que puede alcanzar Argentina: el consumo per cápita chileno creció más de un 461% desde el año 2000, según datos del sector, impulsado por mayor disponibilidad, acceso y conciencia sobre los beneficios del aceite de oliva virgen extra.
En ese camino de expansión cultural del consumo, Argentina, con una industria más grande, mayor superficie cultivada y marcas líderes como Oliovita, tiene todo para liderar la transformación del mercado latinoamericano.
Día Mundial del Olivo: los números de otro sector en el que Argentina juega en la elite global
Hay que sumar al respecto que el mercado mundial del aceite de oliva también muestra señales claras de expansión sostenida. Según proyecciones de la industria, el sector pasará de U$S 15.700 millones en 2024 a superar los U$S 22.900 millones en 2034, con una tasa de crecimiento anual compuesta del 4,3%.
Los motores son la creciente adopción de la dieta mediterránea, el aumento de la demanda de alimentos naturales y saludables, y la apertura de nuevos mercados en Asia, Oceanía y América Latina.
En ese escenario, Argentina tiene una posición privilegiada: es uno de los pocos países fuera del Mediterráneo con capacidad productiva a escala industrial, condiciones agroclimáticas excepcionales y una industria que ya opera con los más altos estándares internacionales.
El aceite de oliva argentino representa hoy el 3,7% de las exportaciones mundiales, según el COI, un porcentaje que encierra el enorme margen de crecimiento que tiene por delante.
A ello se suma la apertura que podría generar el acuerdo comercial Mercosur–Unión Europea, que plantea nuevas oportunidades para la inserción internacional del sector y exige al mismo tiempo condiciones de competencia justas para defender los mercados ya ganados.
El consumo de aceite de oliva en Argentina tiene un recorrido larguísimo por delante. Cada vez más consumidores locales descubren sus beneficios y su calidad. Y al mismo tiempo, el mundo está mirando: la demanda global crece y Argentina tiene la capacidad productiva, la tecnología y la calidad para responder a ese desafío.

