La cosecha de maíz en el norte del país avanza con niveles de daño considerablemente mayores a la campaña pasada, y según los especialistas, gran parte tiene que ver con un retorno de la chicharrita del maíz.
En este marco, ya anticipan una campaña estival bajo presión: lo que ocurra el próximo verano, dependerá en gran medida del manejo y el clima de los próximos meses.
Las perspectivas y estrategias para frenar a Dalbulus maidis será uno de los temas centrales del próximo Congreso Aapresid 2026 con la fuerza de Expoagro, que se llevará a cabo del 4 al 6 de agosto en Rosario.
LA CHICHARRITA DEL MAÍZ Y EL FRÍO
Un tema clave es que el vector del “achaparramiento” por spiroplasma en maíz presenta baja resistencia al frío y, fuera de temporada, busca refugio en cultivos invernales que sirven de “puente verde”.
“Dependemos de las heladas de junio y julio, porque necesitamos que se ‘resetee’ la población”, anticipó Alejandro Vera (EEAOC), quien compartirá escenario en el Congreso Aapresid junto a Beto Peralta, para hablar de perspectivas y manejo de esta y otras plagas clave en maíces tardíos y de segunda.
En ese sentido, el investigador recomendó aguardar a lo que dicte el clima y reservar el uso de insecticidas y productos de contacto únicamente para cuando sea necesario.
“El control voluntario es una bala de plata para guardar en última instancia que se tendría que activar en los cultivos invernales si la condición ambiental no ayuda”, expresó.
Esto último, sin embargo, no rige para el Norte, donde la mayor parte de la producción de maíz es tardía, e inicia en enero.
En este sentido, la asesora de CREA San Patricio y técnica regional, Laura Carabaca, agregó que “el control con insecticidas sólo va a tener éxito si las poblaciones son bajas”.
“Por eso lo principal es atenuar la cantidad de vectores disponibles, y en caso de optar por estrategias insecticidas, lo más deseable es hacerlo de forma coordinada y regional, más que únicamente lote a lote”, agregó.
En el Congreso, Carabaca hablará de las claves para el manejo de maíz en el norte argentino, una región que impone desafíos y estrategias muy distintas a las de la zona Núcleo, y donde no valen las recetas fijas sino el manejo adaptativo de variables como densidad, ciclos y ventanas de siembra.
UNA “SUMA DE MANEJOS” CONTRA LA CHICHARRITA DEL MAÍZ
Por otro lado, más allá de la cuestión climática, los especialistas coinciden en que la plaga debe ser combatida desde varios frentes.
“Si bien es fundamental comenzar con una población baja, la plaga exige una suma de manejos. No hay que echarle la culpa ni enfocarse en un único factor”, aseguró Carabaca.
En ese sentido, se torna fundamental el monitoreo continuo, a través de las trampas cromáticas dispuestas en todo el país por la Red Nacional de Monitoreo de D. maidis, que permitirá inferir qué efecto tuvo el clima sobre los insectos.
“Esa información, sumada a diagnósticos de infectividad de las poblaciones presentes, es crucial porque va a permitir tomar decisiones de manejo acertadas”, explicó Vera.
Entre las principales premisas a seguir también consideran clave respetar la fecha de siembra, que en la región se ubica del 1 al 10 de enero.
“En el norte hacer un maíz primaveral es muy riesgoso porque el periodo crítico puede coincidir con los momentos de más calor y, fruto del estrés abiótico, cae muy fuerte el rendimiento”, señaló el investigador de Obispo Colombres.
Sobre este punto, Carabaca advirtió que es fundamental “concentrar las siembras para que sean lo menos escalonadas posible”, ya que la disponibilidad temprana de maíz ayuda a que la plaga pueda alimentarse y diseminar el patosistema más fácilmente.
Respecto a la genética, las recomendaciones insisten en la elección de híbridos con tolerancia, que han permitido avanzar en la lucha contra la chicharrita desde el epifitia de 2023.
Y, además, el control de los llamados maíces “guachos”, aquellos que nacen de manera voluntaria previo a la siembra de maíz y actúan de “puente verde” para que el insecto sobreviva hasta la próxima campaña.
LOS APRENDIZAJES DE LA CHICHARRITA DEL MAÍZ
En este contexto, vale recordar que la primera gran experiencia a nivel nacional con esta plaga fue la de la campaña 2023/24 y, aunque los investigadores rescatan que se ha avanzado mucho en la adopción de nuevos materiales, el control químico y el manejo integral, aún resta construir mucho más conocimiento desde las redes e instituciones especializadas.
Al respecto, Vera destacó que “se sigue generando mucho conocimiento valioso y federal, que es lo que tiene que dar tranquilidad al sector” y aseguró que eso también ayuda, junto a las condiciones climáticas, a que este año esté lejos la posibilidad de que la plaga alcance a todo el país.
“Todavía estamos aprendiendo a manejar el maíz bajo este nuevo escenario. Son sólo tres campañas de aprendizaje acumulado, y sabemos que esto no se resuelve de un año para otro”, explicó Carabaca, quien además destacó que, a pesar de las complicaciones, la plaga no ha puesto en discusión la importancia del cultivo de maíz para el Norte argentino.
“El cultivo va a seguir existiendo, porque es el que nos proporciona mayor biomasa, mayor cobertura y mayor aporte de carbono al sistema. Eso no se discute. El tema es ver cómo hacerlo bien en este escenario”, concluyó.

