En una familia, en una sociedad, en una institución, entre la dirigencia política y por qué no también en el mundo del campo y la agroindustria existe una diferenciación básica al inicio de cualquier debate: lo urgente y lo importante.
Alguna vez, hace pocos años, un exintendente del conurbano bonaerense como Joaquín de la Torre lo afirmó en un evento agroempresarial ante inversores en la Usina del Arte, en la Capital Federal: “Cuando se asume el cargo, se resuelve lo urgente”.
Tal vez sea por eso que la Mesa de Enlace en su conjunto comenzó a incrementar cada vez más en el último año sus mensajes públicos en relación a la infraestructura, un aspecto amplísimo: se puede hablar de Hidrovía, se puede hablar de ferrocarriles de carga, y se puede poner la lupa acerca de qué pasa con las rutas.
Lo afirmó Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural Argentina, durante su último discurso en Palermo. Lo remarcaron a su vez Carlos Castagnani por CRA, Andrea Sarnari por Federación Agraria, y Lucas Magnano por Coninagro, en cada oportunidad que pudieron en los últimos meses.
La sinergia de temas y mensajes de las cuatro entidades suele ser una cuestión dispar, pero en infraestructura lo que comenzó a decirse es claro y uniforme: el asunto no puede esperar más.
LAS RUTAS, UN CAMPO MINADO
Las rutas, hoy, ya no son solo una limitante para el potencial productivo del país sino que en algunos casos, como el que decidió salir a mostrar Infocampo a través de su nueva apuesta audiovisual, Infocampo Estudio, hay riesgo de vida y los accidentes casi que se perciben en el aire.
Eso fue lo que documentó el equipo de este medio en un viaje de casi 800 kilómetros por la emblemática Ruta 33, de relevancia esencial para el agro argentino porque conecta a las dos zonas portuarias por excelencia: el Gran Rosario y Bahía Blanca.
El recorrido comenzó en Rosario, en el Monumento a la Bandera, y finalizó tres días después en Ingeniero White, a minutos de Bahía Blanca y con olor a salitre de mar.
El abordaje buscó contar la necesidad productiva de mejorar una traza que en muchos tramos quedó chica, obsoleta y es insegura para el tránsito de las cosechas.
Granos, ganado en pie, cisternas lecheras que van y vienen a los tambos o el maní que empieza a jugar, y fuerte. Pero inevitablemente la cuestión justamente de la seguridad afloró en todo momento y fue ineludible no tenerla presente.
La gente está preocupada, trabaje en el campo o no, sea un agroempresario o no, o sea el dirigente político que deba responder por todos ellos.
Cada intendente sabe a la perfección la problemática diaria que eso genera: son quienes atajan cotidianamente las consecuencias de una ruta que no está a la altura de lo que la zona necesita.
Tal vez haya sido por eso que tanto en Venado Tuerto, General Villegas o Trenque Lauquen todos los jefes comunales se mostraron desde un primer momento plenamente consustanciados con el informe y aceptaron sin peros ser entrevistados. No importaron las demoras en arribar a los puntos de encuentro debido al tránsito y la velocidad en la ruta con las que lidió este equipo.
En Venado Tuerto, Leonel Chiarella aguardaba paciente a la vera del camino; en Villegas; a un hombre de la política como Gilberto Alegre lo demandaban en la parroquia local para dar inicio a una procesión, pero igual esperó, estoico; en Trenque Lauquen, sin importar que sea casi de noche, el agrónomo Francisco Recoulat estiró su agenda y hasta ofreció medialunas.
Para algunos, dejando de lado la eterna discusión en torno a las retenciones, “la plata está” y el foco debe ponerse en el impuesto a los combustibles. Para otros es elemental “la presencia de la autoridad” por la incidencia del agua que pasa de una jurisdicción a otra. También inquieta la colocación de peajes sin obras, y hasta se habla de la hipotética autopista como “una utopía”.
Vale mencionar que el viaje se realizó en las instancias finales del Mundial 2026 y dejó algunas imágenes muy particulares extra: el paso por Pujato, localidad en la que Lionel Scaloni es casi que una deidad. Un trabajador municipal finalizaba un mural en su honor algunas horas antes de lo que luego sería el inolvidable triunfo ante Inglaterra. “¡Dale que hay que llegar para ver el partido!”, bromeó un camionero antes de comenzar la entrevista.
LOS CAMIONEROS, LOS TESTIMONIOS MÁS IMPACTANTES
Justamente quienes más conocen los problemas de la ruta nacional 33 son los camioneros. Algunos de los que brindaron su testimonio fueron Hugo Daniel Farías, Pablo Gabriel Santellán y Miguel Ángel Ortíz.
Santiago Bruno, mecánico de Sancti Spíritu, reflejó cómo hay que lidiar con los tiempos a la hora de arreglar un camión.
A veces, sin saberlo, salir a buscar palabras sobre un objeto de estudio sirve de aliciente para alguien: la emoción del camionero Santellán por contar una tragedia personal y concientizar sobre la problemática fue un testimonio inesperado.
En casos como ese radica una de las impresiones que deja el paso por la ruta nacional 33, una vía vital para las exportaciones agropecuarias y la generación de divisas. La Argentina que anda, tal vez. Pero en simultáneo aflora -y hay que cuidarse de la misma- la que no anda o parece no andar. La de los millones de dólares que penden de la pericia y la artesanalidad de camioneros que salen de su casa y no saben a que hora llegan a destino.
“Nos damos el último beso y el último abrazo. Todos tenemos una familia que nos espera”, agradeció Santellán, vecino de Florentino Ameghino.
El trayecto entre Rufino y Piedritas es claramente el de mayor desinversión. La geografía no ayuda: está en un extremo final de Santa Fe y en la punta superior izquierda de Buenos Aires. De yapa, atraviesa poco más de un kilómetro por suelo cordobés. Como sea, las condiciones para que todos se olviden de ese pedazo de ruta son inmejorables. Menos los camioneros, desde ya, quienes a veces circulan por la banquina contraria.
Sin embargo, el más intimidante está entre América y Trenque Lauquen, con un alteo que impresiona y de nula señalización: la calzada quedó elevada varios metros, sin banquinas y con los pastizales que tapan la visión de dónde deja de haber terraplén.
“O te pegás de frente o te caés al precipicio”, resumió crudamente el expresidente de Carpab y vecino de Trenque Lauquen, Ignacio Kovarsky. La calzada es apta para la alta velocidad, lo que hace todo más letal.
Por último, las horas finales antes de llegar a Bahía Blanca tienen como fondo los parques eólicos y las Sierras de la Ventana, uno de los paisajes más bellos de la provincia. El aire ya es seco y el trigo o la cebada marcan los esquemas productivos desde Pigüé hacia el sur. Allí las obras de una ampliación quedaron inconclusas y la segunda traza paralela asoma como una promesa por ahora incumplida.
Así como están los problemas para circunvalar Rosario y la tan mentada A012, Bahía Blanca puede exponer lo mismo o peor incluso. A 10 o 20 kilómetros por hora el tránsito surfea desvíos de obras que quedaron mirando al costado del camino hasta llegar a su estación final: el puerto de Ingeniero White.
