Especial para Infocampo
En los últimos meses se empezaron a mover las fichas en torno al negocio oleaginoso, de la mano de una “lluvia” de inversiones liderada por importantes compañías que forman parte de la industria aceitera nacional.
Primero fueron Molinos Agro y LDC (Louis Dreyfus Company) actualizando sus plantas de molienda en San Lorenzo y Tiimbúes, respectivamente, para dar lugar al procesamiento de girasol, un cultivo en plena expansión, y otras oleaginosas orientadas a la producción de biocombustibles para la aviación.
Luego vino el anuncio nuevamente de LDC para la construcción de una planta multi especie en Bahía Blanca, con una inversión de U$S 400 millones, también atendiendo la creciente producción de girasol, pero también con capacidad para moler soja, el principal cultivo argentino en superficie y generación de divisas.
Y ahora Molinos Agro anunció la construcción de una planta de molienda de soja en el predio de Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) en Timbúes, con una inversión de U$S 500 millones, que le implicará incrementar inicialmente su capacidad de procesamiento en un 50% inicialmente, a 30.000 toneladas diarias, que implica unas 9 millones de toneladas al año.
EL ROL DE LAS RETENCIONES
Lo interesante es el comunicado de Molinos Agro anunciando la decisión respecto a que esperan un incremento en la producción de soja debido al cronograma de disminución de los derechos de exportación, más conocidos en Argentina como retenciones. Y es aquí donde vale la pena hacer un poco de historia.
Argentina alcanzó la máxima producción de soja en la campaña 2014/15 con 61,4 millones de toneladas a partir de una superficie de unas 20 millones de hectáreas.
En ese momento, los derechos de exportación de la soja eran del 35% del valor FOB oficial mientras que el maíz tributaba 20 puntos porcentuales. Del maíz se sembraban unos 6 millones de hectáreas con una producción de 33 millones de toneladas.
“No podemos esperar, debemos actuar”: la cadena de la soja pide acelerar la baja de retenciones
Cuando asume el gobierno de Cambiemos, se eliminan las retenciones a todos los cultivos, menos a la soja que queda en 30 por ciento. Lógicamente esto alteró la ecuación del margen agrícola a favor del maíz, el principal cultivo que compite por el uso del suelo en la temporada estival.
De esta manera, en el término de tres campañas, la superficie sojera cayó a 17 millones y la maicera aumentó a 9 millones de hectáreas.
Si bien hubo un intento, inicialmente postergado, de una baja gradual de las retenciones para la soja, en setiembre de 2018 cuando son repuestas, la soja pasa a tributar el 33% contra el 12% del maíz, una diferencia de 21 puntos porcentuales, situación que se mantuvo durante el gobierno del Frente de Todos.
Hoy, la soja tributa el 24% y el maíz el 8,5%, es decir vuelve a los 15 puntos de diferencia originales que tenía a fines de 2015. Y con el plan de reducción que el gobierno de Milei plantea para 2028, la soja terminaría con el 15% contra el 5,5% del maíz, o una diferencia de 9,5 puntos porcentuales entre ambos cultivos.
EL POTENCIAL INVERSOR DE LA SOJA
Bajo este panorama, la conducción de Molinos Agro sostiene que el plan de reducción de retenciones de la soja “llevará indefectiblemente a un crecimiento de la superficie sembrada con este cultivo, incrementando la oferta”.
Lo cierto es que el cultivo de soja tiene un gran potencial de crecimiento, no solo por más área sino por rendimiento. En la última década hemos perdido la carrera con Brasil, que nos saca 800 kilogamos por hectárea de productividad.
La industria de la soja suma otra mega inversión en Argentina: U$S 500 millones en Timbúes
Pero con un marco normativo que proteja la propiedad intelectual de los desarrolladores de genética, apalancado en UPOV 91, y traiga más tecnología para el cultivo y un margen bruto más atractivo que permita volcarle más tecnología al cultivo, arrancando por la fertilización, la soja podría estar arriba de las 60 millones hoy mismo, con esta superficie.
Si, como se espera, además se incrementar el área, Brasil y Estados Unidos van a tener un dolor de cabeza porque nuestro país será más competitivo, y ni hablar con la Hidrovía profundizada a 42 país y la recuperación del sistema ferroviario de cargas.
En un mundo con abundancia de producción granaria, esta es la forma de proteger la sustentabilidad de los productores argentinos.

