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Demuestran la productividad forrajera de un salitral del centro de San Luis

Un ejemplo revela que es posible la utilización forrajera de humedales salinos, desterrando la creencia de que su producción de forrajera es insignificante. El tema se tratará en el Congreso VI RAS.

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22.03.2019 | Por Marina Friedlander
Marina
Friedlander

Periodista

En el marco del sexto Congreso de la Red Argentina de Salinidad (VI RAS) a realizarse en julio próximo, el Ing. Agr. Osvaldo A. Barbosa, profesor titular de la Facultad de Ingeniería y Cs. Agropecuarias de la Universidad Nacional de San Luis, Villa Mercedes (SL), dictará una conferencia sobre la oferta forrajera en un salitral del centro de San Luis.

Barbosa determinó la capacidad forrajera del humedal “Bajo La Salada”, que se localiza al norte de la ciudad de Villa Mercedes. Allí, se delimitaron fisiográficamente los tipos fisonómicos y en cada uno de ellos fue determinada la vegetación, los suelos y la biomasa seca.

La parte llana más alta se caracteriza por la presencia de caldén y chañar, aprovechados por su madera y que prácticamente ya han dejado de encontrarse en forma de bosques. Cerca del área de estudio, se encuentran pasturas de “pasto llorón” o “agropiro alargado”. Los subpaisajes correspondientes a la depresión salina se utilizan para producción animal extensiva. El sector alto, comprende matorrales halófilos y el sector bajo con salinidad en superficie, comprende los parches de arbustal halófilo rastrero y las praderas halófilas abierta y densa. En la pradera halófila de “pasto salado” en forma abierta, aparecen algas cianófitas fijadoras de nitrógeno.

Oferta forrajera del salitral

La valoración forrajera de una especie depende del contexto ambiental en el que se desarrolla. En tal sentido, en ambientes de buena productividad, el ‘‘pelo de chancho’’ (Distichlis spicata) es considerado sin ninguna importancia forrajera. En cambio, en los suelos muy salinos e inundables, constituye uno de los pocos recursos forrajeros capaces de soportar esas condiciones y producir biomasa. Además, se debe considerar que aporta entre otros, beneficios como la cobertura del suelo, que reduce la erosión.

En el matorral halófilo fueron encontradas cuatro especies con valor forrajero, Atriplex lampa y A. undulata (especies dominantes), Sporobolus phleoides y Pappophorum caespitosum. El género Atriplex, está formado por muchas especies distribuidas por todo el mundo. En Argentina viven son numerosas especies, en condiciones de extrema aridez y variadas condiciones de suelo y salinidad. En estas zonas, la biomasa “ramoneable” de los Atriplex constituye una reserva de alimento de vital importancia para cubrir las necesidades alimenticias de la ganadería extensiva. Algunas regiones áridas, durante el periodo húmedo no presentan escasez de forraje, pero durante la estación seca, éste es escaso. Las especies anuales no se desarrollan y el contenido de proteína de los pastos perennes decrece. Durante este periodo los arbustos son una fuente alternativa de alimento porque poseen una producción de forraje sostenida y uniforme. El valor nutritivo de las especies del género Atriplex presenta entre 14 a 20 % de proteína cruda y 55 a 67 % de digestibilidad in vitro (MS).

Por su parte, Sporobolus es un género que crece en regiones tropicales, subtropicales y templado-cálidas del mundo. Muchas de estas especies son halófilas, y la mayoría de ellas se utilizan como recursos forrajeros. Entre estos, se encuentra Sporobolus phleoides, endémica de comunidades halófilas en el centro-norte de la Argentina. En especies de este género se encontraron entre 2,9 y 9,3 % de proteína, entre otros componentes. El otro integrante destacado del matorral halófito, Pappophorum caespitosum es un pasto cespitoso perenne nativo de Sudamérica. Es una de las pocas gramíneas de valor forrajero que crece en suelos salinos del Chaco seco. En esta especie se han encontrado valores de 9-10 % de proteína cruda.

Los resultados en el matorral halófilo muestran que sobre un promedio de materia seca (MS) total de 2304 kg/ha, solamente 798,7 kg/ha podría ser consumido por el ganado, o sea un 33,3 %. De acuerdo a su valor forrajero, y a lo visualizado in situ, las especies principalmente desfoliadas por el ganado bovino son S. phleoides y P. caespitosum, que aportan el 7,0 y 4,1 % de la biomasa consumible total, respectivamente, y tienen como particularidad que poseen mayor contenido de proteína cuando rebrotan. Atriplex aporta el 22,3 % restante, mientras Baccharis tenella, Prosopis strombulifera y Sarcocornia neei no son consumidas. En los parches de arbustal halófilo rastrero la especie dominante, Sarcocornia neei, no es consumida por el ganado.

En las praderas halófilas (abiertas y densas), la especie dominante es “pasto salado”, que es ampliamente pastoreada. Esta especie está adaptada a los bajos salinos o alcalinos, siendo el verano su principal momento de crecimiento. Distichlis spp. participa en la dieta de diferentes herbívoros y forma parte importante de la dieta bovina en la depresión del Salado y en la Patagonia. Posee valores de 5-12 % de proteína cruda y 18-53 % digestibilidad in vitro (MS). En las praderas halófilas abiertas fueron registrados 286,5 kg/ha de MS total para D. spicata, que corresponde a un 61,5 % del total del tipo fisonómico. El resto del tipo fisonómico la componen Cressa truxillensis y S. neei que no son consumidas. En las praderas halófilas densas cuyo valor promedio de MS total de D. spicata alcanzó los 1059,3 kg/ha correspondiendo a un 87,4% del total aportado por este tipo fisonómico. El resto de la MS correspondió a C. truxillensis que no es consumida.

Una vaca de cría tiene un consumo de MS de forraje del orden del 2 % de su peso corporal, cuando el forraje tiene una digestibilidad del 55%. Tomando una vaca de cría de 400 kg, la ingesta diaria se encuentra alrededor de los 8 kg MS por día, o sea 2920 kg MS/ha. Teniendo en cuenta este valor y un factor de uso del 40 %, se puede estimar que las 84,2 ha de la depresión estudiada pueden sostener 6 vacas de cría.

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