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Sed verdadera: las necesidades hídricas de la vid

Si bien los enólogos e ingenieros somos reticentes en el uso excesivo del agua en los viñedos, vemos a diario...

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01.04.2019 | Por Mariano Perulan
Mariano
Perulan

Gerente Técnico de AGROLAB

Foto: Facundo Mesquida

En nuestro cancionero popular Cuyano existe una cueca escrita por Víctor A. Giménez y con música de Rubén Díaz que se llama “nunca con agua” y en su estribillo dice:

Pa` juntar esas cosas

Está la naturaleza,

El agua de pasada

Sube a las cepas,

Y no precisa el vino

Más agua que esa.

El folklore local habla del agua en los viñedos como elemento fundamental en un oasis para poder llegar a cosechar frutos sanos y maduros.

Si bien los enólogos e ingenieros somos reticentes en el uso excesivo del agua en los viñedos, vemos a diario en nuestras recorridas abandono por la situación actual de la vitivinicultura, y asombrados visualizamos que fincas que no se riegan hace muchísimo tiempo poseen brotes de algunos de sus sarmientos. ¿Será la vid tan noble? ¿Tanto resiste? Técnicamente… ¿Qué sucede?          

La vid es una planta que requiere relativamente poca agua, con 280 a 300 litros puede desarrollar  un kilo de materia seca. Mendoza tiene un clima desértico, y las lluvias son muy escasas durante el año. La temperatura media anual es 16.5 C° y las precipitaciones tienen un promedio de 215 milímetros anuales. Gracias a su sistema radicular profundo en el suelo y a su gran poder de succión es que pueden aprovechar cada gota suministrada por los efectos del clima, o las labores culturales que el viticultor realiza a diario.

A pesar de ser un vegetal de alta resistencia puede sobrevivir con estas bajas precipitaciones y con niveles de temperatura ocasionales en verano de hasta 40 grados centígrados, por supuesto esto ocurre en niveles de abandono y como resultado da reducidas o nulas producciones de uva. Con una pluviometría anual baja es necesario la adición de riego artificial en cualquiera de sus modalidades, condición fundamental para una producción de vinos de calidad, siempre manteniendo un cierto déficit hídrico, sobre todo en el proceso final de maduración.

Los riegos en la vid aumentan desde la brotación en septiembre hasta el mes de enero, disminuyendo desde febrero en adelante en la etapa de la maduración de los granos  y hasta su cosecha.

Un exceso de riego en floración da lugar a un vigor que puede causar deficiencias en el cuajado de los frutos, provocando su corrimiento y es casi nulo desarrollo de los granos o bayas. De la misma forma retrasa el envero y, por lo tanto, el inicio de la maduración aumentando el tamaño de los granos, y los hace acuosos, pobres en azúcar y más ricos en ácidos.

Cualquiera de los método de riego que el agricultor elija para aplicar en su viñedo, ya sea a manto, goteo , etc. ,debe compensar las necesidades hídricas elementales para el desarrollo fisiológico y siempre debe tener en cuenta que el vino nace en el viñedo y el exceso de agua perjudica a la calidad del vino elaborado .

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